Amasijo informe

J. Pollock

Quizás ya no sea necesaria la unidad formal de la obra para que se lleve a cabo la experiencia estética. Los fragmentos del yo moderno cristalizan en estructuras efímeras. El amasijo informe de identidades discurre por múltiples senderos, a veces paralelos, desdoblados, sin añorar cimientos sólidos. El verso libre, la mezcla de géneros, el arte abstracto, conceptual…

Ráfagas de datos, amagos de lectura, frases ingeniosas, egos-burbuja, deslizamientos, cinismo, imágenes repetidas sobre la pared… El sujeto brota como un amasijo de carne, o mejor, de chatarra, restos de la vieja civilización… La unidad formal de una obra requiere la atención de un sujeto más o menos estable, un yo que unifique la experiencia y otorgue sentido al conjunto. La experiencia estética posmoderna desmenuza la realidad sin esperar recomponerla más tarde. Porque nace de un yo triturado. Leemos un verso, sin métrica, un fogonazo, belleza condensada.

Quizás el verso aislado se presente como una entidad indivisible, pero el resto del poema es una cadena de vanos intentos de repetir ese instante de sentido. El poema como un todo existe, claro. El cuadro como un todo existe, claro. La escultura como un todo existe, claro. Existen como un eco residual de la intención del artista, de su trabajo. Para el receptor esa totalidad es algo secundario. Podemos trocear un lienzo o un poema, y no perderán nada. Habremos creado.