Antes de Space Invaders

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Cuando hablamos de los “recreativos”, los más viejos del lugar no pensamos en Space Invaders como punto de partida de aquellos locales en los que se reunía la chavalada a gastar duro a duro la paga del fin de semana, sino en la prehistoria de esos sitios, en los que no había máquinas con pantallas ni una estridente banda sonora de disparos, explosiones y pitidos.

El término “recreativos” como tal, es moderno. Antes de la entrada de la electrónica en esos salones eran “los billares” donde había, con suerte, tres tipos de juegos: el billar, el futbolín, mesas de ping-pong y con suerte algunas, las menos, máquinas mecánicas o electro-mecánicas. Ese era el panorama de primeros de los 70.

“Los billares” eran de hecho en la mayoría de los casos, sitios poco recomendables para la chavalada, y estaban tomados por adultos o casi adultos casi siempre de dudosa reputación. De hecho, era fácil que la Policía, en aquellos años, apareciera en busca de algún criminal, a darse una vuelta a ver como estaba el patio o a apretarle las tuercas a algún habitual para sacarle información. No eran precisamente sitios seguros en el más amplio sentido de la palabra y acababan convirtiéndose en la mayoría de las ocasiones en el club social de lo más granado del barrio.

Había un gran problema con esos locales desde la perspectiva comercial que eran las propias mesas de billar. Utilizadas generalmente por un público adulto o casi adulto, ocupaban mucho espacio, las partidas duraban mucho tiempo y al ser “multijugador” eran la chispa que hacía saltar numerosas peleas y que además proveía de armas a los participantes, porque nada era tan fácil como trincar un palo de billar y liarse cuando el asunto se calentaba, cosa que solía ocurrir con mucha frecuencia. Con el futbolín solo podías recurrir a los puños y los daños, dentro de lo que cabe, eran bastante menores.

En una esquina casi siempre estaban las máquinas mecánicas y electromecánicas. La mayoría vosotros no las habéis conocido y de hecho en España no fueron muy populares debido a que era material de importación que era difícil y muy caro de introducir en un país bajo una dictadura. Así, con suerte, podías encontrar este tipo de máquinas recreativas en salones de postín en los que se cobraba entrada o en parques de atracciones. Las máquinas mecánicas, debido a que eran más fáciles de construir y copiar, si estaban presentes con más frecuencia incluso en algunos bares: por ejemplo, aquella máquina mecánica de habilidad en la que tenías que mover una moneda a través de un laberinto y que podía caer por los extremo, perdiendo el dinero invertido. Y si ganabas, simplemente recuperabas la moneda.

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Los dueños de salones descubrieron muy pronto las ventajas de aquellas máquinas electromecánicas, ya que en el espacio de una mesa de billar o de ping pong podían meter tres máquinas, la gente jugaba sola y el ciclo de gasto era mucho mayor que en cualquiera de los otros juegos. La ventaja adicional, y no por ello menos importante, es que cada persona estaba enciscada en su propio juego, por lo que las peleas tan habituales en los juegos clásicos ya no eran tanto problema y sobre todo se ganaba mucho, mucho más dinero.

El problema de las máquinas electromecánicas era su mantenimiento. Eran máquinas recreativas muy complejas de mantener ya que todo era analógico, utilizaban relés, motores, complicados mecanismos que se averiaban con frecuencia y a eso se sumaba los problemas para poder comprarlas, ya que eran caras y de nuevo, difíciles de conseguir de forma legal. Muchos dueños compraron máquinas electromecánicas sacadas de las bases norteamericanas de forma ilegal y como no había legislación por aquella época al respecto, simplemente las instalaban y buscaban a algún manitas local para que hiciera las reparaciones.

Poco tiempo después llegaron los pinball, las Petaco que se llamaron en su momento, para ir desplazando a aquellas primeras máquinas electromecánicas de tan difícil mantenimiento. Y no es que no fueran fáciles de mantener, pero su construcción en muchos aspectos estaba mucho más estandarizada.

Las máquinas electromecánicas recreativas en un primer momento desplazaron al billar y al ping pong y los pinball acabaron de matar a los juegos tradicionales en busca en un mayor rendimiento económico de los salones, que dejaron de llamarse “Los billares” para pasar al término que nos es más familiar ahora, “los recreativos”, desplazando a los adultos para dejar espacio a adolescentes y sobre todo, niños.

Autor: Carlos Burges Ruiz de Gopegui

Editor de faq-mac. Autor de libros electrónicos sobre Apple y productividad. Formador de LinkedIn, video2brain.com. Cínico, mal hablado, Viriato.