Libertad de expresión

De lo extraña que es la sociedad, no me sorprende que la libertad de expresión esté siempre balanceándose sobre la tela de una araña. Y es que, respetar lo que uno diga no significa estar de acuerdo con ello. Puedes estar en contra del suicidio, del aborto o del matrimonio entre personas del mismo sexo.

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Aparatejos

Probablemente, el regalo que más utilicé de pequeño, fue el walkman. Ese aparato en el que metías una cinta de casete, te ponías los auriculares —aka cascos—, dabas al botón de play y disfrutabas de tu música preferida. La ventaja de este aparatejo era que podías llevarlo a cualquier parte, eso sí, nutrido con un buen paquete de pilas. Eso sí, era un ladrillo de cojones. Continuar leyendo “Aparatejos”

Las palabrotas

¿Por qué nos gusta tanto decir palabrotas? Desde pequeños, los adultos nos enseñan a que no hay que decirlas, que eso está muy feo. Y a los cinco minutos, han dicho “joder” tres veces y “puta”, por lo menos una. Como niños, no entendemos nada. ¿Por qué los adultos pueden decir lo que les apetezca y los niños no? Quizá es porque los padres no quieren que sus pequeños pierdan esa inocencia lingüística tan pronto, no lo sé. Continuar leyendo “Las palabrotas”

Tecnologías comunicativas

Tengo la sensación de que, cuanto más avanza la tecnología en las comunicaciones, más lejos estamos los unos de los otros. Hace años, antes del boom de la telefonía móvil, bastaba una llamada para quedar con quien nos apeteciera. Un simple paseo hasta su portal, llamar al telefonillo y esperar respuesta. Ahora, basta un simple whatsapp con la hora y el lugar. Reconozco que es útil. Demasiado útil. Pero no tiene magia, ni encanto. Quizá para la new generation sí, porque es lo que han mamado. Continuar leyendo “Tecnologías comunicativas”

Programas míticos

No sé si a veces os acordáis de esos programas míticos que reunían a toda la familia frente al televisor y les mantenía dos horas entretenidos. Esos programas que, aunque acababan a las doce de la noche, mis padres nos dejaban verlos a mi hermana y a mi terminar. Disfrutábamos con ese buen rollo que trasmitían. Continuar leyendo “Programas míticos”

Las pagas de la vida

Éramos millonarios cuando nos daban un billete de cinco mil pesetas. Nos imaginábamos cuántas chucherías podríamos comprar, cuántas bolsas de Fritos, Bocabits y patatas fritas iban a amenizar nuestra tarde en el parque. Las pagas eran nuestro sueldo solamente por ser niños. No teníamos agujeros que tapar, ni facturas, ni ataduras. Éramos los nuevos ricos que veían en aquel rectángulo de papel, con las caras de personas que no sabíamos quiénes eran, un modo de trueque para nuestro propio beneficio. Continuar leyendo “Las pagas de la vida”