Si escribes, ¿eres escritor?

Hugo escribe sobre la mesa de una cafetería con aroma a café americano. Las humeantes tazas de los que le rodean, sumidos en sus insignificantes tareas, sumerge aquel local en una densa niebla cargada de cafeína que les mantiene despiertos, tecleando como seres revolucionados. Leyendo como devoradores de historias e incluso hablando cual lírico charlatán. Todo tiene cierto encanto dentro de esa cristalera empañada. El trombón de Curtis Fuller ameniza el paso del tiempo que, fugaz, les separa de cualquier otra realidad. La vida sucede allí dentro, por un momento, son lo que quieren ser, sin necesidad de ofrecer mayores explicaciones. Nadie pone en entredicho las mentiras del resto porque allí todo es cierto. Pintores, escritores, anónimos entrenadores de clubes de primera o incluso de la selección nacional conviven con la cabeza bien alta, como quien comparte protagonismo en un cuadro renacentista. Continuar leyendo “Si escribes, ¿eres escritor?”

Los cinco sabores básicos

Últimamente no duermo muy bien, por lo que me dedico a no hacer nada de la forma más constructiva posible. Planeo la pérdida de tiempo de un modo tan meticuloso como absurdo. Cada noche igual, el mismo protocolo. Ceno a eso de las ocho, siempre en la cocina, sin televisor ni teléfono móvil que me pudiese evadir de una buena conversación, de una charla que últimamente nunca sucede. Llevo una década viviendo solo. Desde que me separé de Gloria no he vuelto a rehacer mi vida. “Como si antes hubiera tenido alguna” pienso en ocasiones.

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Momentos de fútbol

Salió de casa a medianoche. Se vistió de corto y cruzó la puerta sin hacer ruido, como quien cruza el túnel de vestuarios pero a la inversa. Ya no era el de antes, ni mucho menos. El olvido hizo mella en sus recuerdos más esenciales. Comenzó encontrándose perdido en medio de la nada, desorientado, como quien se tele transporta a ninguna parte. Continuar leyendo “Momentos de fútbol”

Hay mentiras que son poesía

Cada mañana me preguntaba lo mismo y le respondía que sí, que habíamos dormido abrazados toda la noche; pero era mentira, yo nunca dormía. Normalmente me limitaba a permanecer inmóvil, llegando a sentir su cálida respiración en mi nuca, como una corriente de aire africano con esencia a berbere. En ocasiones se asimilaba más a la densa masa de aire procedente de las fosas nasales de un rinoceronte blanco, de poco más de 3 toneladas, antes de comenzar una carrera que haría vibrar al miedo allá por donde pisara. Y me abrazaba, como quien se acopla a su nave nodriza. Como un botón, que tras un leve giro se introduce de un modo perfecto en su ojal, pasé a ser el vacío donde ella penetraba y se quedaba a dormir, acurrucada. Y entrábamos en otra dimensión. Una más pausada, donde no sucedía nada. Yo me giraba despacio, como quien pasea por el espacio con una misión establecida, alunizar en su torso semidesnudo. Examinaba cada rincón de su cuerpo, como quien se encuentra cara a cara con una obra de arte inesperada. Fuera, la luz de una famélica farola provocaba siluetas oscuras que danzaban sobre el cabecero, alguna incluso caía al suelo. Sobre sus caderas la sombra de un árbol que asomaba tras la ventana, como queriendo echar raíces en su lado de la cama. El reloj de la mesita era digital, por lo que carecía de ese terrible y molesto tic-tac que tanto echaba de menos. Cuando no hay nada que decir el silencio se convierte en un ruido intenso que ensordece al resto de los sentidos. Continuar leyendo “Hay mentiras que son poesía”

¿Cómo se miden las ganas?

Los martes son peores que los lunes porque la nostalgia no está justificada. Es como cuando llega ese delicado momento en el que sientes que tu cuerpo ha dicho basta; no te queda fuerza en el interior y ves cómo se acerca el fin de tu existencia, pero el termómetro no llega a los 37 grados de temperatura, por lo cual, tu malestar no existe, al menos no para el resto, ya que no estás oficialmente enfermo. Continuar leyendo “¿Cómo se miden las ganas?”

Los perros tienen la clave de la felicidad

Es un lunes cualquiera, vacío, de esos en los que no hay fútbol. El cielo está parcialmente nublado. Los semáforos mantienen una coreografía perfecta con los vehículos que bailan al compás de un tango intermitente. Una sombra acecha sobre la calzada, grotescos edificios se vuelcan sobre los peatones de un modo vertiginoso. Entre tanto caos, una chiquilla lucha contra dragones mientras sujeta un libro. Un mocoso escribe poesía recostado sobre un árbol deshojado y una anciana tira migas de pan a cualquier tiempo pasado. Continuar leyendo “Los perros tienen la clave de la felicidad”

Encuentros en un motel

Nadine tiene miedo a las relaciones a distancia. Una vez tuvo una, vivían juntos e incluso compartían cama cada noche, pero se sentían infinitamente lejos. Nadine ha dejado de creer en los compromisos. Los define como promesas emocionales eventuales. Continuar leyendo “Encuentros en un motel”

Cuando recuerdas lo que olvidas

Me gusta recordar las cosas que olvido. Es como encontrar recuerdos perdidos, convivir con ellos cara a cara en un metro cuadrado y pasar las horas mirándonos a los ojos hasta aprendernos de memoria. Me gusta tener en mente lo que va desapareciendo de mi cabeza. Soy adicto a la sensación de tenerlo todo presente. Continuar leyendo “Cuando recuerdas lo que olvidas”

Los sueños de verdad se alcanzan despierto

Mateo madruga.

Cada madrugada se levanta antes que sus ganas.

Se viste despacio, como en el espacio. Después, pisa el suelo de la cocina, como quien da un gran paso para la humanidad. Su existencia se limita a estar en otra parte, siempre distante. Mientras tanto Elisa, su pareja, yace en el lado más frio de la cama. Hace siglos que no coinciden, creen estar viviendo un sueño y sólo se ven mientras el otro está dormido. Ella trabaja cada noche en un restaurante de cocina Nikkei. Él se deja la vida atornillando piezas en un viejo taller. Los días pasan, pesan y les acercan al abismo. Él la ve acostada cuando comienza el día. Ella se acuesta con él al final de cada jornada. Continuar leyendo “Los sueños de verdad se alcanzan despierto”

Quien te recomienda un libro, te propone una vida

De pequeño tuve un amigo imaginario, pero no duró mucho. Creció antes de tiempo y se fue.
Una noche, mientras leíamos bajo la sábana ayudándonos de una vieja linterna de dinamo, me miró fijamente, como suelen mirar los padres cuando se muere un pez y me dijo que esto no tenía sentido. Que no existía, que lo admitiese. Que no podía fingir más tiempo. “Estamos anclados en una relación que no nos lleva a nada, creo que lo mejor para los dos, es que nos demos un tiempo”. Todo el mundo sabe que el tiempo no se da. Nadie tiene minutos para nadie, sobre todo hoy en día. Pero, a pesar de mi corta edad, actué como lo haría una persona fría y estable. Seguí leyendo aquel libro hasta llegar a la última página. Fue entonces, cuando realmente sentí que algo moría dentro de mí. “Menuda nochecita”, pensé. Y así, hasta hoy. Continuar leyendo “Quien te recomienda un libro, te propone una vida”