Batman

Dos películas he visto en mi vida: Dumbo y Batman, la de Tim Burton pero de Dumbo os hablaré más tranquilo otro día (si queréis). Hoy os voy a contar cómo fue mi relación con la película de Batman desde aquella vez en la que me encontré de frente con la oscuridad de un superhéroe huérfano desde pequeño por culpa de un malnacido. Batman es para mi LA PELÍCULA.

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Mis padres me regalaron la película en unas navidades. La película salió en el 89 así que calculo que el regalo lo recibí en las navidades del 90 o quizás el 91. Dejémoslo en el principio de los 90’s. Era un cinta de video en formato VHS. Era mi primera película. Mía en propiedad. El resto de las cintas que estaban por casa eran de mis padres o de mi hermana. Todas. Todas menos esta. El primer detalle que la hizo especial es que llevaba un cupón para participar en el sorteo de un Batmóvil.

-Dios, un batmóvil. Este batmóvil tiene que ser mío.

Y sin pensarlo dos veces, con mi letra de médico harto de pacharán, rellené el panfleto como si fuera lo último que iba a hacer en la vida. E iba a ser lo último que hiciera en la vida si me hubiera tocado porque la paliza que me hubiera dado mi madre al verme entrar en casa con un batmóvil con tan solo 10 u 11 años no la podía ni imaginar.

La película la vi solo. Nadie quiso verla conmigo porque eso era cosa de críos. Mejor porque la disfruté sin interrupciones de ningún tipo. La musiquita de entrada recorriendo el logo de Batman ya me hizo quedarme lo suficientemente pegado al asiento desde el minuto uno. Y esos chorizos atracando a una familia en pleno callejón para robarle una cartera, ¿Pero por qué vais por esos callejones oscuros, muchachos?¿Estáis locos?¿Y dónde iba ese hombre con una VISA?¿QUIÉN USA VISA? Aquello ya me dejó loco. ¿Qué c*** era una VISA? Por aquel entonces no había wikipedia y la enciclopedia que tenía yo era de 1914 así que seguí viéndola sin importarme una mierda que significaba que la tarjeta fuera VISA o fuera la tarjeta del club Nintendo. Por supuesto, llegó batman con un cinturón como el de Bricomanía pero con cosas chulas y lo arregló todo con un par de guantazos y dos patadas.

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Poco más tarde aparecía Jack Nicholson barajando unas cartas mientras le encargaba su jefe que se ocupara de una operación en una fábrica que había por ahí. La cara de Jack Nicholson lo decía todo: No tengo ni puta ganas de ir hasta allí pero voy porque tengo que dar de comer a mis 9 hamsters.

Están desmantelando productos AXIS– Dijeron a un policía con gabardina gris y con más mala cara que un canario con paperas.

Ya empezaba a complicarse la cosa. Y allí que se fue por un lado la policía de Gotham City y por otro Jack Nicholson con su equipo de karatekas que no pasaban de cinturón blanco-amarillo para terminar enzarzados en una pelea entre escaleras de metal y barriles que soltaban líquido verde que parecía blandiblú pero que resultó ser ácido.

Por supuesto, en medio de la pelea, apareció Batman bajando con un sistema de cuerdas y poleas, y en una trifulca con Jack, le termina derribando y tirando al ácido que le destroza la cara. Pero sólo la cara. El resto parece que está más o menos normal.

A partir de aquí ya todo fue un altibajo de emociones que jamás se me olvidará. Vi por primera vez cómo nacía “El Joker” y cómo Batman se lo cargaba en una pelea en la que Joker acababa arrojado al vacío y espachurrado en el suelo con una cinta reproduciendo carcajadas desde el bolsillo interior de su chaqueta.

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Aquella película me encantó y la disfruté tanto que durante unos cuantos años seguí viéndola en las navidades pero jamás la volví a ver como aquella primera vez. Al siguiente año ya sabía lo que era una tarjeta VISA porque se la había robado 3 veces a mi padre.