Cine juvenil (¡con canciones!)

El pijo por excelencia se llamaba Ricky Lacoste y era la némesis de David Summers en Sufre, mamón (1987, Manuel Summers).

Sufre, mamón era la película que Hombres G hizo de Hombres G. Hombres G era un grupo de los 80 que eran la versión comercial y para nenas y nenes de Los Nikis. Su primer éxito se llamó Sufre mamón y la película es una versión un poco alargada de la canción del mismo nombre. Fíjense si será así que el director era el padre del cantante que escribió la película junto a dos de sus hermanos (Tomás y Francisco Summers), que en la cinta aparecía Guillermo Summers (el tío que faltaba) y dos de sus primos: Curro Martín Summers -que hacía de batería punk- y Gerardo Ortega que era el que encarnaba a Ricky Lacoste. Marta Madruga, la actriz que encarnaba a la chica que le ponía los cuernos a David, acabó siendo la esposa este.

Gerardo tuvo una corta carrera dramática y ahora es dueño de una ganadería de reses bravas. Es sevillano. Hubo que doblarle la voz al español que se habla en Castilla porque encarnaba al cantante de un grupo de tonti-pop madrileño llamado Fiebre amarilla. Un grupo tan pijo que, a su lado, los Hombres G parecían Rammstein. Háganse cargo.

Ni que decir tiene que Sufre mamón fue un hito. Un taquillazo. Una buena inversión pública pues obtuvo la máxima subvención posible por aquel entonces (el 50% del total) para un presupuesto de unos 644.000 euros. La película recaudó 1.702.603,28 euros y fue vista por 1.509.128 espectadores.

La película tuvo un remake, Suéltate el pelo (1988, Manuel Summers), que no tuvo tanto éxito y que nació con polémica ya que no le dieron subvención. Manuel Summers, los Hombres G y un nutridísimo grupo de fans se plantaron en la puerta del Ministerio de Cultura para protestar por tamaña injusticia. No hubo nada que hacer, en lo económico, pero en lo sentimental nos llevamos aquella imagen de un montón de niñas bien comportándose como una horda desordenada. Algo que solo estábamos acostumbrados a ver en las manifestaciones a favor de las escuelas concertadas que produjeron con la llegada de los socialistas al poder y en las manifestaciones contra el aborto. Luego nos acostumbraríamos a ver estas imágenes de la gente de bien perdiendo los papeles en actos públicos.

En lo cinematográfico-musical los 80 habían comenzado fuertecitos con un chorro de películas protagonizads por grupos infantiles como la megasuperproducción Las aventuras de Enrique y Ana (1981, Ramón Fernández) donde nos encontrábamos un argumento donde se entremezclaba el ascenso irremisible de la pareja más loca de la música española (una niña y un adolescente…que luego mutarían en una adolescente y un adulto cada vez más incómodo en su papel de cantante infantil y, más tarde, en una discretísima adulta desaparecida de la vida pública y Enrique del Pozo) con una historia entre el género fantástico y el de aventuras donde destacaba el papel de Agustín González haciendo del Barón Von Nekruch que era una especie de cruce entre extraterrestre y aristócrata alemán de vacaciones en el Carnaval de Venecia. En esa línea se encontraba Buenas noches, señor monstruo (Antonio Mercero, 1982) protagonizada por el grupo Regaliz y por los monstruos de la Universal en versión patria. Destaca la presencia de Luis Escobar (que también salía en la peli de Enrique y Ana) clavando el papel de Drácula y la de Paul Naschy haciendo de Hombre Lobo.
Ese mismo año se estrenarían también versiones de pelis musicales adultas como Mientras el cuerpo aguante (1982, Fernando Trueba). Un grandísimo documental sobre la figura del cantautor Chicho Sánchez Ferlosio -hermano de Rafael Sánchez Ferlosio, escritor de El Jarama– y Laberinto de pasiones (1982, Pedro Almodovar) interpretados por ‘Almodovar y McNamara’ que incluye el fenómeno tema Gran Ganga y a unos jovencísimos Imanol Arias y Antonio Banderas. Ese mismo año, por cierto, también se estrenaría Chispita y sus gorilas (1982, Luis María Delgado). Detrás de ‘Chispita’ estaba Macarena Camacho, un talento que, con solo cuatro años, había sido descubierto por el simpar Lauren Postigo. La idea era convertirla en la Shirley Temple de la canción española, en la nueva Marisol y, como parte de este lanzamiento, rodó esta película junto con Miguel Ángel Valero y Miguel Joven que se habían hecho famosos por ser ‘El Piraña’ y ‘Tito’ de Verano azul. La cosa no pasaría a mayores y, pese a los buenos resultados recabados, Macarena Camacho dejó la interpretación tras cantar la canción principal de la película de animación El Pequeño Vagabundo (1983, Rodjara). Han leído bien, la película está firmada por un tal RODJARA. Sí, el pseudónimo de uno de los grandes outsiders del cine español: Manuel Rodríguez Jara. Director de animación, productor, guionista y actor que cuenta en su curriculum con Dimorfo (1981, Rodjara), una de las películas más extrañas del cine español (es posible que también del cine, en general) que dirigió, escribió, produjo y protagonizó. Rodjara siempre basculó entre el cine para adultos y el infantil.

Sería absurdo obviar todas las películas de las grandes estrellas infantiles de la época: Parchís. Siete películas entre 1980 y 1983 (echen cuentas, salían a un poco más de dos pelis por año). Me es imposible quedarme con ninguna de aquellas joyas que devoré en sistema de vídeo Betacam. Los Parchís, tan currelas, tuvieron tiempo (¡Ya dormiréis cuando no seáis tan famosos!) de aparecer en una de las comedias más raras de todos los tiempos como estrellas musicales invitadas junto a María Jesús y su acordeón: Su majestad la risa (Ricardo Gascón, 1981). Una película protagonizada por Arévalo y hecha a golpe de sketches con el único hilo conductor de Arévalo concediendo una entrevista en un programa de radio disfrazado de anciano. Tras verla cualquier persona entenderá a la perfección lo poco que ha inventado el posthumor.

En fin, la parcela de cine juvenil musical tampoco la cubría Carlos Saura y sus Bodas de sangre (1981), Cármen (1983) y El amor brujo (1986) pese a su elevadísima calidad cinematográfica.

Reseñable es, también por contradictoria, ¡A tope! (1984, Ramón Fernández), del director de Las aventuras de Enrique y Ana, donde una liviana línea continua de enredos amorosos entre cuatro tipos con pinta de pijillos servía para hilar un grupo de actuaciones musicales de grupos de ‘La movida’ tan eclécticos como ‘Objetivo Birmania’, ‘Derribos Arias’, ‘Loquillo y los Trogloditas’, ‘Alaska y Dinarama’, ‘Golpes Bajos’, ‘Vídeo’, Nacha Pop, Gabinete Caligari o Aviador Dro y sus Obreros Especializados.

Entendemos que, con nuestra ley de cine (aquella que quisieron reformar Méndez Leite y Pilar Miró…que se llevo todas las iras de aquella intentona de equipararnos al cine francés) y con nuestros gustos nada había que hacer contra la exportación americana de películas como Footloose (1984, Herbert Ross), Flashdance (Adrian Lyne, 1983), Fama (1980, Alan Parker), Beat Street (Stan Lathan, 1984) o Breakdance (1984, Joel Silberg) y su secuela, la más conocida, Break Dance 2: Electric Boogaloo (1984, Sam Firstenberg). Echen un ojo: las dos se rodaron y estrenaron en el mismo año porque estaban producidas por aquellas águilas de Yoram Globus y Menahem Golam que dirigían los estudios Cannon Films. Por cierto: cualquiera con cierta edad y una memoria un poco menos débil se acordará de que el anuncio para TV de Electric Boogaloo tuvo como locutor al grandísimo Joaquín Luqui que decía aquello de ‘Electriiiic Boogalooooooooo’ que te daba ganas de asaltar ancianas para robarles el monedero y poderte pagar una entrada.