Coolt Navidad

Siempre que se acercan estas fechas es muy sencillo toparte de bruces con lo que te voy a contar. Es tan habitual que creo que ni ya le prestamos atención, pues es la comidilla de todos los años y nuestro cerebro ya lo tiene registrado como algo cotidiano. No es otra cosa que el recurrente comentario sobre si gusta o no la Navidad. No emplearé la palabra “odio”, si leíste mi anterior artículo sabrás por qué (y si no, qué narices, te invito a hacerlo).

No es raro que haya gente a la que no le gusten estas fechas. Es algo lícito. Los motivos de cada uno son, precisamente, eso, sus propios motivos. Es por eso que este artículo no servirá para convencer a nadie, pero de la misma manera sería si yo leyera uno que hablara de justo lo contrario. Pero no me escondo: ME ENCANTA LA NAVIDAD.

Puede que pienses que el artículo es una chorrada y que no merece más de un par de líneas pero, viendo cómo está el panorama (y que ya cité en mi anterior artículo sobre la moda de odiarlo todo), parece que uno sea un bicho raro por tener treinta y dos tacos y gustarle una celebración como ésta.

Primero déjame decirte que soy una persona a la cual las tradiciones le son muy importantes. Esa quizá sea la razón de peso fundamental, ya que desde pequeño (y eso sí que no es nada raro) me enseñaron a disfrutar la Navidad. Adoraba juntarme con los míos (incluidos los que estaban fuera) y pasar una noche en familia. Adoraba esa sensación de verlo todo alumbrado. Adoraba pasear por la calle el día de Nochebuena y ver cómo en casi todas las casas cercanas había una luz y varios coches aparcados en la puerta, señal de que también lo estaban disfrutando. Adoraba pasear por las calles y ver los escaparates decorados con motivos navideños. Adoraba esa ilusión de qué me traerían los Reyes Magos de Oriente.

He ido creciendo y he perdiendo muchas ilusiones de las que tenía cuando era pequeño, es algo normal, es algo que nos pasa a todos. Pero me siento orgulloso de, al menos, no haber perdido esa ilusión que tenía desde pequeño para que llegaran estas fechas. Ahora tengo un niño de dos años y trato de inculcársela a él, con éxito, pues para su temprana edad lo estoy viendo disfrutar como nunca con la proximidad de las señaladas fechas.

Sé que muchos me diréis que hay mucha hipocresía en esto de la Navidad. Entiendo vuestra posición sobre los que pensáis que hay familias que podrían quedar cualquier día del año y no sólo en Navidad. Sé que a muchos os causa repulsa el trasfondo religioso de la fiesta. Otros me diréis que es un gran acto consumista capitalista y que, en realidad, es un engañabobos y un invento de las grandes superficies para sacarnos los cuartos. Sí, todo eso lo sé.

Incluso la razón de mayor peso y que más puedo comprender de quien me diga que no le gusta nada la Navidad: la falta de seres queridos. Creo que en este punto y, sin tratar de ofender a nadie por no pensar de la misma manera, tengo un punto de vista muy diferente. Todos hemos perdido a alguien. Todos recordamos que pasábamos parte de la fiesta con ese alguien. Pero a mí estas fechas me hacen recordar, precisamente, eso: los buenos tiempos que pasaba con esa persona. Las alegrías, las risas, los momentos de complicidad. Puede que sea un bicho raro por no quedarme con la parte negativa de que ya no esté. Entiendo que muchos no compartáis conmigo este párrafo, pero no puedo hacer nada y, la verdad, no me gustaría cambiar esta manera de pensar. Y es más, hace muy poco perdí a una persona muy especial, muy cercana y que llenaba la Navidad de mi familia de una especial ilusión por su forma de ser. Sólo pienso en que llegue la Nochebuena para disfrutarla a tope, tanto como lo hacía él, tanto como él quería que siempre fuera. Tanto como si él estuviera.

Y, de verdad, entiendo que no me entiendas.

Pero lo que más me ilusiona de todo es haber sabido apartar todos los porqués de mí y quedarme simplemente con ese gusanillo que me provoca en el estómago estas fechas. Con lo que me gusta disfrutarlas. Doy gracias a mí mismo por no haberme dejado arrastrar con esa desidia (lógica por una parte) que te hace buscarle pegas a todo según vas creciendo. Me encanta que ese niño ilusionado siga presente en mi interior. Trataré de conservarlo para siempre.

¡Feliz Navidad a todos!