Cosas que yo tengo y vosotros no (I)

Manuel se levanta a las seis de la mañana. Como cada día, mientras se calienta el café, saca un par de magdalenas de las que guarda en el segundo cajón de la cocina, justo debajo del de los cubiertos y un puñado de pinzas de tender que apartó para cerrar las bolsas que se quedan a medias. Como la de las magdalenas.

Después de desayunar, directo a la ducha. Y rapidito, que la hora se está echando encima. Cuando termina, se seca con desgana y coge lo primero que hay en el armario sin mucho miramiento por ver si combina bien o le hace buen tipo. Qué más da, total, en cuanto se ponga el mono nadie va a fijarse en esos detalles.

Ya suenan los pitos de las siete en el viejo transistor del salón. “Vamos que nos vamos, Manolo” piensa a la vez que guarda las llaves del coche en el bolsillo. Hoy no puede llegar tarde, que está de turno el encargadillo que se pone nervioso y, para más inri, tiene muchísimo lío.

Apaga la radio, cierra la puerta por fuera, coge aire… y al tajo.

 

Manuel trabaja desde hace treinta años fabricando muñecas, soldados y cocinitas. Cientos de miles de juguetes han pasado por delante de sus ojos y, seguramente, entre ellos estaba ese que marcó tu infancia, el que te enseñó a compartir, a ser más responsable. El que aún hoy, de alguna manera, es parte de ti o tú eres tú gracias a él, que también puede ser. Y lo mismo podríamos decir de los libros, tebeos y cromos. O de cualquier otra cosa que atesores porque, siempre que la ves, te cuenta una historia.

 

Y ahora, ¿nos la quieres contar a nosotros?

 

Durante el mes de diciembre, que parece que pega más, me gustaría hacer un retrato colectivo de la nostalgia, pero de la de verdad. Porque, sí, Barbies y Quimicefas se hicieron muchos, pero ninguno como el tuyo.

 

Arranca “Cosas que yo tengo y vosotros no”.

 

Mortadelo Filemón Tebeo Cómic Dani BordasVerano del 89, sierra de Gredos.

Aquel año fue el primero que hicimos camping durante las vacaciones y recuerdo como si fuese ahora mismo cuando apareció mi padre con pan, el periódico y un librillo llenos de dibujos.

Supongo, aunque no estoy seguro, que ya habría visto algún tebeo antes (aún eran muy habituales y cotidianos en aquella época), pero, como sea, para mí este es el primero. Y el más especial.

Leer aquello me fascinó de una manera tan intensa que marcó mis gustos y aficiones para siempre. Desde entonces he ido llenando estanterías con montones de cómics de un porrón de autores y temas, pero sin abandonar nunca los pasillos de la T.I.A.

 

Si te apetece, manda tu foto con historia a danibordas@cooltmagazine.com