Cuando Lola Flores saltó al campo de fútbol

Pocas veces el fútbol femenino ha recibido tanta atención durante su corta vida en España como el día en que se disputaron las Folclóricas y las Finolis. Todo lo que pasó antes, durante y después del partido fue puro espectáculo pero sirvió para hacer visible la imagen de la mujer en el deporte y  sacarla de los fogones.

Preparen las palomitas —o si lo prefieren, un buen bocadillo de jamón— porque el partido va a dar comienzo.

El primer equipo tenía su corazón puesto en la Andalucía más profunda y lo demostraron con un total look muy bético rematado con el toque del clavel en la cabeza. Por si aún no lo habéis adivinado, estamos hablando de las folclóricas, capitaneadas por Lola Flores. El equipo estaba lleno de estrellas, pues Lola no era la única celebridad que lucía la camiseta verdiblanca. Entre sus integrantes se encontraban figuras del nivel de Isabel Pantoja, Carmen Flores, Encarnita Polo, La Polaca o Marujita Díaz.

En el campo contrario y ataviadas con la equipación del Rayo Vallecano estaban las finolis, que entre sus miembros se podía ver a Encarnita Polo, Luciana Woolf o Paloma Cela dispuestas a dar lo mejor de ellas. Ellas eran las chicas ye-ye, mujeres de ciudad con un estilo, si puede decirse así, más moderno.

El show debía comenzar y tenía todos los ingredientes perfectos para ser un auténtico éxito. Las cámaras del NO-DO se encontraban en el campo dispuestas a no perderse todo lo que pudiera ocurrir en aquella tarde, y fue mucho. Desde el primer minuto estuvieron presentes las risas, ya que era evidente la poca experiencia en el fútbol de aquellas grandes mujeres, pero el humor era más importante que saber quién finalmente sería el equipo ganador.

El reglamento futbolístico se pasó por alto durante los 90 minutos que duró el partido. De no haber sido así, cada equipo hubiera acabado con más de una jugadora fuera del campo por exceso de imprudencias. Ese día cualquier cosa estaba permitida, coger el balón con las manos, salirse de las líneas que delimitan el campo o saltar encima de una compañera. Todo era posible si conseguía generar espectáculo, porque era lo que la afición reclamaba.

Transcurridos los 90 minutos y después de la anulación de algún gol que otro, el final del partido se saldó con un empate que dejó a ambas partes contentas:

Folclóricas 1 – Finolis 1

El éxito del partido fue arrollador. Desde un principio se había organizado como un acto benéfico para recaudar dinero a favor de las guarderías del Patronato de Nuestra Señora del Socorro y consiguió batir records de recaudación. Pero el Patronato no fue el único que ganó con esos noventa minutos de juego, pues cada chica se volvió a su casa con la nada desdeñable cantidad de 20.000 pesetas.

Las jugadoras volvieron a hacer una semana más tarde alarde de su arte en el Sánchez-Pizjuán, tras haber disputado el primer partido en Vallecas. Estas dos ocasiones sirvieron para poner en boca de todos el fútbol femenino, aunque en este caso se tratara más de un show que de una sana competición, aquella sociedad franquista necesitaba ver a estas mujeres en el campo. Aún faltaba mucho recorrido por avanzar en el tema del deporte, pero con pequeños pasos como éste, las mujeres consiguieron hacer presencia en los terrenos que eran considerados puramente masculinos.

A día de hoy, las mujeres no ganan ni una décima parte de lo que los hombres en el fútbol, pero  al menos se ha ganado en respeto y en libertad de elección sobre la profesión. Son pocas las que consiguen sustentarse económicamente solo con el deporte, por eso nos gustaría pedir a voces la versión 2.0 de las folclóricas contra las finolis. Si ya se ha conseguido una vez, esta no puede ser menos, el evento cambiaría a España entera.