Desayuno, almuerzo, cena y porno

Una vez, en una discusión en la radio sobre si celebrar Mundiales de fútbol cada dos años que había puesto la FIFA sobre la mesa, Jorge Valdano dijo estar en contra por el simple motivo de que valoramos los partidos de un Mundial por su carácter excepcional, de un evento muy poco frecuente, y que jugarlos cada dos años acabaría con ello.

Pues bien, algo parecido nos sucedió con el porno y el boom de internet con banda ancha.

Especialmente los 90 y hasta casi mediados de la década de 2000, ver porno en la cantidad que cada uno quisiera a diario no pasaba de ser una utopía. Revistas, pelis grabadas y regrabadas del Plus e incluso intuirlas en codificado como los más fetichistas cumplían la misión de dar descanso a nuestra imaginación de vez en cuando.

Aún recuerdo megareuniones planificadas al detalle en el salón del colega que se quedara solo en casa. Un amigo o un primo unos años mayor que sentía un subidón de ego importante cuando un grupo de chavales de trece le imploraban que les descubriera aquel mundo con una cinta grabada o alquilada, hacía de “camello”.

Eran tardes llenas de anécdotas, recordadas luego cientos de veces, más que por lo que veíamos, por el hecho de estar viéndolo. Incluso había amagos, en mitad de la película, de que aquello se convirtiera en la escena del coche en el garaje y los cuatro chavales dentro acordándose de la Gradisca en Amarcord de Fellini.

Por edad, la época de las revistas como Private, se me quedaron años antes, pero he oído historias  de gente de unos cuarenta sobre escondites para las mismas, que harían volverse loco a los mismísimos perros rastreadores de la DEA.

Internet y el ADSL fulminaron aquellas estrategias de habitación para nunca ser descubiertos, aquellos acontecimientos con siete amigos más con uno cerca de la puerta haciendo las veces de guardián, aquel éxtasis cada vez que tus padres salían de casa y te quedabas solo en el salón con el vídeo para ti solo.

Daba igual si la peli era buena o mala, si practicaban unas cosas u otras, lo increíble era que lo estabas viendo.

Ahora, casi a cualquier hora del día puedes elegir desde la actriz al contexto en el que quieres verla. Brazzers y Naughty America han hecho realidad una utopía. Y ojo, no nos quejamos. Pero como a todo lo que te sobreexpones, pierde valor, o al menos eso creemos. Y aunque ahora la excusa para quedar con amigos sea un partido de fútbol, nunca podrá ser lo mismo. Al menos mientras no nos prohíban ver fútbol.