El Teletexto

Hoy vengo a defender un gran invento: El Teletexto. Ese sistema que en cualquier momento era capaz de ofrecerte tanto un pasatiempo como una noticia de última hora o incluso la programación de la tele.

Aquello fue un verdadero pelotazo de la época. Todos estábamos como locos consultando el teletexto. “Dale al botón rojo que es el de las noticias. ¡NO, NO! Dale a deportes, al verde primero”. Aquello podía llegar hasta el punto de saberte exactamente la página en la que estaba aquello que necesitaras. “Pon el teletexto un momento. La página 403 que es la de TVE2”. Eso era demasiado nivel.

 

Por encima de todo tenía algo que era horrible a la par que inquietante. Y por eso la defiendo. ¿Por qué si estabas en la página 302 y querías ir a la 303 daba la vuelta entera el puñetero contador de página? ¿POR QUÉ, ZEÑÓ? ¿POR QUÉ? Pues os lo voy a contar. Bueno, mejor dicho, os voy a contar lo que yo sé.

Como bien sabéis, en un segundo se emiten una determinada cantidad de imágenes. En cine son 24 fotogramas por segundo (fps) y en los televisores europeos creo que 25 fps. No estoy seguro de esto último pero este detalle es lo de menos. El caso es que en cada segundo viajan una cantidad de fotogramas, que unos tras otro conforman el vídeo que se ve. Pues resulta que en cada uno de estos fotogramas viajaba, además de la imagen, la información de una de las páginas que se emitían en el teletexto. Concretamente en unas líneas por debajo de la imagen que no se veían en los televisores.

Y ahí está el cogollo del asunto. Cuando ibas a una página de teletexto, se quedaba fija en la tele pero seguías recibiendo el resto de páginas sin parar a medida que iban pasando todos los fotogramas. Cuando avanzabas la página, el azar era tu único aliado para que no diera la vuelta el marcador.

Esto básicamente viene a decir que tienes prácticamente la misma probabilidad de avanzar inmediatamente una página como la de que vas a hacerte millonario en la Lotería de Navidad.