Escenas de una Barcelona desconocida

Hoy le invitamos a viajar a la Barcelona de 1977. Un hervidero de jazz,  underground y contracultura bajo el signo de una Transición incierta. Nos situamos en el mítico estudio Gema, que vivía su particular década dorada; hacía años desde que los chicos de Pan y Regaliz deambularan por aquel icónico espacio que nos ofrecería alguna de las placas más descaradamente innovadoras de la canción española.

El que a día de hoy se considera uno de los grupos contemporáneos más interesantes de Cataluña se encuentra grabando su disco debut. Un LP que pasará a formar parte de los clásicos del progresivo. Nos referimos a Gòtic. ¿El álbum? Escènes. Por cierto, su único trabajo publicado.

Gòtic empezó a ser conocido por sus versiones de Emerson, Lake & Palmer o Premiata Forneria Marconi, e incluso se atrevieron con cierto catálogo del Mirage de Camel. Tributos que ensalzaron al conjunto a la cúspide de aquel pequeño panorama musical, tantas veces discutido en las noches de la calle Sant Joan, allá en la famosa discoteca Planeta 2001.

Ahora aquellos melenudos se atrevían con un disco que iba a revolucionar por completo la tendencia del progresivo nacional, donde la melodía del mediterráneo quedó bajo el auspicio del patrimonio de la tierra catalana, equiparando su cultura con la libertad. Y es que en Escènes las influencias no se detienen con el rock sinfónico inglés o italiano, obviamente adherido a su estructura compositiva. Gòtic tiene un aire personal, un sabor mediterráneo que poco tiene que ver con sus predecesores, y que parece ir más lejos o más cerca de Canterbury para inmediatamente asentarse en la mismísima Cala Codolar.

En Escènes Rafael Escoté se ocupa del bajo y el tradicional gong, Jordí Martí de las percusiones, Jordi Vilaprinyó de los teclados y el gran Jep Nuix de la travesera, principal responsable de ese sonido tan suyo.

El LP recoge siete temas que embarcan al oyente en un viaje musical sutil y sereno, lleno de excelentes composiciones que describen a la perfección escenas genuinamente mediterráneas. Su musicalidad, lejos de encerrarse en un estilo concreto, conecta de manera natural con el oyente, debido principalmente a la ausencia de grandes artificios. Una experiencia que bien podría describirse como una inmersión melódica, donde una sutil brisa marina parece caer con la gracia del aire cálido de abril.

El álbum abre con el tema de Jep Nuix, “Escènes de la terra en festa i de la mar en calma”, reflejando el característico sonido de la banda. “I tu que ho veies tot tan fácil”, de Jep, apuesta por la calidez gracias a unos teclados intensos, trascendentales para entender la evolución del progresivo layetano.

Jordi Villaprinyó es autor de tres temas, “Jocs d’ocells”, de una gran parsimonia, “Impromt I”, de clara inspiración jazz-rock, y “Dança d’estiu”, donde destaca el buen hacer del folk catalán. Del mismo modo se presenta “La revolució”, firmada por Rafael Escoté. Dejan para el final la gran “Historia d’una gota d’aigua”, que cierra el disco de manera formidable. Nos deja sin embargo un sabor amargo al recordar que con esta se pone fin a la breve trayectoria de Gòtic, en lo que a grabaciones de estudio se refiere. Una segunda placa, Gegants i serpentines (1978), se quedó en el tintero de una discográfica apática, hasta hace muy poco…

Es Escènes una joya de disfrute obligado para cualquier amante del género, especialmente en la vertiente sinfónica, con altas dosis de sentido melódico y una exquisita fastuosidad que aviva la nostalgia por aquella era dorada del rock español, catalán y, para colmo, universal.