Escuela de Pingüinos, patinaje sobre cartón

Prácticamente cada juego “casero” de nuestra infancia ha evolucionado y hoy podemos encontrar su equivalente en un juego de mesa moderno. ¿Os acordáis de cuando jugábamos a las chapas? Esas vueltas ciclistas, esos mundiales de futbol… Por lo visto lo que nosotros hacíamos cuando golpeábamos una chapa con el dedo en inglés se denomina flick, así que estos juegos en los que nosotros debemos disparar alguna pieza de dicha manera se denominan juegos de flicking o juego de flickeo (dicho a la española).

De la mano de SD Games y Gen X Studio nos llega Escuela de Pingüinos, un juego en el que tendremos que dirigir a nuestros animalitos por un colegio de hielo tratando de escapar del pingüino vigilante.

El tablero de juego es simplemente espectacular. Dentro de la caja, blanca impoluta, hay otra caja y dentro otra, y dentro otra y dentro otra… Cada una de estas cajas de cartón representa una habitación de un colegio cuyo suelo simula una pista de hielo. Al colocarlas en el orden adecuado formaremos la escuela en la que cada sala está comunicada con las otras por puertas rectangulares. Sobre algunas de estas puertas se colocan unos peces de los mismos colores que los pingüinos de los jugadores y cuatro más en color blanco que solo servirán para mantener unido el decorado. 

El juego es para dos a cuatro jugadores pero brilla más en su número máximo. La partida dura alrededor de media hora. Cada vez que juguemos tendremos que hacer una vez de vigilante y el resto de rondas seremos pingüinos corredores. La labor del pingüino vigilante es atrapar (chocar) a todos los corredores y quitarles su tarjeta de identificación. La misión de los corredores es pasar por debajo de todas las puertas con peces de colores sin que el vigilante les detenga. Cada vez que pasemos, como corredores, por debajo de una puerta con pez de nuestro color lo retiraremos del juego y robaremos una carta de puntos. Estas cartas pueden contener uno, dos o tres puntos de victoria y las guardaremos en secreto hasta el final de la partida. Si juntamos dos cartas de un punto podremos jugarlas en cualquier momento de nuestro turno y canjearlas por un movimiento extra de nuestro pingüino. Cada ronda termina cuando alguno de los pingüinos ha recogido todos sus pescados o bien cuando el pingüino vigilante haya conseguido arrebatar todas las tarjetas de identificación al resto de pingüinos. Al final de la ronda cada pingüino roba una carta de puntos por cada tarjeta de identificación que tenga, es decir, si los corredores han mantenido su tarjeta robarán una carta y el vigilante robará una por cada tarjeta que haya confiscado más una por la suya propia. La partida se desarrolla a lo largo de tantas rondas como jugadores haya en el juego excepto con dos jugadores que habrá un par de reglas especiales. 

Los pingüinos que usaremos para jugar están fabricados en plástico y tienen una base semiesférica y pesada que hace que en todo momento permanezcan en pie. Podremos golpearlos de tres formas distintas: si damos con el dedo en el centro del pingüino éste avanzará de frente, si queremos que gire hacia uno de los lados deberemos darle el toque en ese mismo lado, y si le golpeamos fuertemente en la cabeza podremos hacer al pingüino saltar por encima de las paredes (jugada permitida). Al principio cuesta un poco pillarle el truco pero a medida que vas jugando irás consiguiendo todos los distintos movimientos. 

Escuela de pingüinos es un juego que hará las delicias de los más pequeños de la casa. Si bien está recomendado para niños de seis años o más, y es cierto que quizá hasta entonces no sean capaces de jugar con soltura entendiendo todas las reglas, mis hijas de (casi) tres se lo pasan ya de muerte solamente haciendo pasar a los pingüinos por debajo de las puertas. Con esto no quiero decir que sea sólo para niños. Es un juego sencillo con el que sorprenderás a tu amigos y dará lugar a piques y revanchas. Los más puretas, además, disfrutaremos especialmente recordando los tiempos en los que nos fabricábamos nuestras chapas de Miguel Indurain o Perico Delgado.