‘FIFA’ Vs. ‘PES’: dos décadas de batallas anuales

77-560x480Con septiembre llegan la vuelta al colegio, los anuncios de coleccionables, la última de Woody Allen y, desde hace casi dos décadas, la batalla entre FIFA y PES.

Corría 1993 cuando Electronic Arts maravilló a propios y extraños con un juego de fútbol varios escalones por encima de lo hasta entonces visto. Aquel FIFA International Soccer 93 ya no era un mero pinball de puntos pasándose lo que intuíamos un balón vistos desde una toma cenital. Bien es cierto que en 1991 Super Soccer fue un gran paso en SuperNES, por la novedad de su vista frontal, pero no acababa de enlazar momentos como para reflejar algo parecido al fútbol.

Hasta aquel momento, lo más decente reflejando el deporte rey era el Super Side Kids, pero tenías que tener muchas monedas de cinco duros para disfrutarlo, ya que era sólo para máquinas recreativas.

FIFA 93 abrió la veda de lo que vendría luego, con partidos donde podías cambiar de táctica, equipos reales y todo visto desde una perspectiva isométrica, ¡como los que veíamos por la tele!

La saga de Konami respondió un año más tarde con el primer International Superstar Soccer, que aún sin las licencias de FIFA, aportaba mejores gráficos y una sensación de aleatoriedad que —obviando sus años negros de PS3— aún hoy mantiene.

Aún así, aquellos estupendos juegos, estos de los que hablamos y sus posteriores versiones cada año, teniendo éxito de público y crítica especializada, seguían manteniéndose muy acotados a cierto público de Mega Drive y SuperNES. Hasta finales de 1998.

Si los Beatles cambiaron para siempre la historia de la música o Ciudadano Kane mostró por primera vez otras formas de ver películas; FIFA: Rumbo al Mundial 98 será siempre recordado como el primer gran videojuego de fútbol.

A sus excelentes cualidades técnicas; como gráficos, jugadores que disponían de un montón de alternativas en ataque y bastante independencia, acabando con cierta sensación de futbolín que hasta entonces daban los juegos; unía la espectacularidad. Veíamos unas intros a los estadios —que por fin eran de verdad— que nos dejaban boquiabiertos, con imágenes reales y una ambientación hasta entonces nunca vista.

A eso unía los comentarios de Lama y Paco González y una abrumadora selección de equipos licenciados. Todo, por supuesto, sin olvidar una simulación futbolística de lo más decente de EA en muchos años, porque probablemente este juego fue mejor que cuatro o cinco versiones posteriores del mismo. Ningún amante del fútbol que tuviera una PlayStation en 1998 podrá olvidarse de aquella intro con el Song 2 de Blur.

Y claro, aquello no lo pasó por alto el gran público futbolero, que hasta esas fechas veía los videojuegos como un entretenimiento muy esporádico.

Las demandas de PS empezaron a subir en España (y otros países europeos tan fieles al deporte rey como el nuestro) y fueron el regalo de Reyes más solicitado aquellas Navidades.

Pero, ni con un rival tan abrumador, temblaron lo más mínimo en Konami. Como su rival, también dio un salto de calidad digno de recordar aquel año. ISS Pro 98 ya tenía una base de jugabilidad sencilla y casual que depuraron casi hasta el máximo por entonces. Aún teniendo que llamar a los jugadores Roberto Larcos o Ravoldi (casos de Roberto Carlos y Rivaldo), no era problema cuando veíamos que a nuestras órdenes hacían las cosas entre píxeles casi igual que las hacían en la realidad. Todo con esa sensación de “puede pasar cualquier cosa” que tantos éxitos ha dado a la firma nipona.

Y en aquel instante empezaban las batallas de una guerra que dura ya más de 20 años.

Si hubiese un libro sobre grandes rivalidades de la historia moderna; junto con el Ali-Frazier, CocaCola-Pepsi, los Celtics-Lakers de los 80 o los duelos entre Spassky y Fischer, tendríamos que encontrar estas dos décadas de las versiones futbolísticas de Electronic Arts y Konami.

Tras el apoteósico 1998 (también fue el año de Gran Turismo o Metal Gear Solid, casi nada), la tendencia en lo juegos de fútbol fue decantándose a favor de la saga ISS, que año tras año iba puliendo su jugabilidad, dotando de un ID muy reconocible a cada jugador y potenciando su naturaleza de simulador. Mientras, la saga canadiense de EA viraba hacia un perfil más arcade en el que los jugadores, iguales en estatura y demás condiciones, no se cansaban nunca y todos los tiros, tanto desde el centro del campo como desde un córner, iban a la escuadra de la portería rival.

Parecía que mientras más acentuaba uno la simulación, más lo hacía el otro con el espectáculo y el juego de acción, a pesar de prometer con cada entrega anual que llegaba un FIFA ¿más? real.

Aquel lustro final de la quinta generación (la de PlayStation y Sega Saturn) fue creando el mito de ISS como juego perfecto para reuniones de amigos y futboleros exigentes, mientras dejaba a FIFA como el juego para chavales de nueve años a los que les gustaba ganar 7-5 los partidos contra la CPU.

Toda esa tendencia se acentuó con la llegada de PlayStation2 y Xbox.

Imborrables son las imágenes del spot de Konami para publicitar en televisión su nueva joya: Pro Evolution Soccer, que hasta cambiaba de nombre para darle más postín a su lanzamiento.

El nivel de detalles en gráficos, ambientación, físicas de jugadores y balón y posibilidades estratégicas nos hacían olvidar que no controlábamos al Liverpool o al Barça, sino que lo hacíamos con el Mersey Red o el Cataluña, cuya estrella era un tal Castello (o Castolo, dependiendo de la versión de PES).

Mientras, EA seguía dando bandazos con FIFA, sin encontrar un estilo jugable y un motor gráfico dignos de competir con su formidable rival.

Para más inri, en la siguiente entrega, en 2003, los japoneses no sólo perfeccionaron algo más su fórmula, haciéndola la más realista hasta la fecha, sino que por fin adquirieron licencias y pudimos saciar esa parte estética pero tan importante para todo fetichista del balompié.

Ese aporte, fundamental para convencer a los entonces cada vez más escasos dudosos de PES, terminó por convertirle en el dominador absoluto de la generación.

Incluso entregas algo más livianas, donde se podían ver auténticos correcalles, como la de 2004, eran un éxito total debido a la ausencia de rival; un FIFA por entonces rozando lo marginal, en el que desafinaban jugabilidad, físicas e ID de futbolistas. Desde el FIFA 2000 para PSOne, la saga de EA arrastraba un vicio que, aún en estos últimos años, en juegos sobresalientes, han reclamado en mayor o menor medida quienes se ponían a sus mandos: la sensación de partido o acciones predeterminadas, en las que el jugador ya sabe cómo van a acabar al inicio de las mismas. Justamente lo contrario de lo que hacía extremadamente popular a su rival.

Fueron los días gloriosos de PES, que vivía en una balsa de aceite, con relativa superioridad en ventas y a años luz de su rival en crítica popular y de expertos.

PES pasó a ser el juego de las tardes y noches lluviosas en pisos de universitarios, con piques entre colegas que acababan con mandos abollados o días sin dirigirse la palabra. Porque, para qué negarlo, siempre había un Simeone en el grupo, que esperaba y esperaba con todo el equipo metido en el área mientras su oponente lo bombardeaba y los postes y Buffon de turno se lucían, hasta que cazaba una contra in extremis y ponía el injusto 0-1 en el marcador. Se iba a la lona (o al sofá lateral a la tele a fumar y apurar el litro de cerveza) el que más méritos había hecho para continuar como rey de pista. Justo como pasa en la realidad.

Pero toda época de felicidad llega a su fin. Y si no que se lo pregunten a Brad y Angelina.

Con la llegada de la nueva generación, la séptima, que traían PlayStation 3 y Xbox 360, el motor gráfico de los de Konami se quedaba obsoleto. Si bien el primer año de la nueva generación optó por no arriesgar y sacar su juego sólo para las entonces old gen, donde dominaba sin problemas, el segundo pudo comprobar que la fórmula no era tan fácil de adaptar a las nuevas videoconsolas.

Mientras, FIFA, esta vez sí, cambió el chip por completo y, sin hacer grandes juegos, iba encontrando lo que llevaba años buscando: simulación.

No eran juegos para recordar, pero su nuevo motor gráfico se adaptó como un guante a las nuevas consolas y en las dos primeras entregas de la nueva generación nos hacía albergar esperanzas para próximos años.

Aquellos tres otoños, desde 2007 hasta 2009, fueron probablemente los más aburridos de estos años de enfrentamientos entre los dos colosos del fútbol virtual.

A un Pro decandente, que no se hacía técnicamente con la next gen y agotaba de malas maneras sus virtudes en la anterior generación, se unía un FIFA prometedor pero en fase experimental. Todo nos dejaba con la paradójica sensación de que justo entonces que teníamos más potencial en las manos con las nuevas de Sony y Microsoft, no había un juego de fútbol a la altura.

Eso acabó en 2010, con la llegada de FIFA 11, un juego ya pulido, completísimo. Unos gráficos a la altura de la época, un motor de colisiones que maravillaba a los más exquisitos y una profundidad nunca vista hasta ese momento en ningún FIFA.

PES seguía sin dar con la tecla y, lo que es peor, empeoraba cada año algunas de las intactas señas de identidad de su juego, como eran la física del balón o la eventualidad en cada enfrentamiento.

Su bajada en ventas y aprecio de la crítica estaba más que justificada, y sólo los muy fieles a la saga seguían comprándolo.

Es curioso el fenómeno PES. Sus fanboys mantenían una relación con “su” juego y respecto a FIFA casi como la que se mantiene con la tienda de la esquina y El Corte Inglés o la que un aficionado imparcial mantendría en un enfrentamiento entre el Madrid y el Mirandés.

Era una especie de cuestión de orgullo de clase comprarse el PES, el juego “débil” que se hacía en un estudio mucho más modesto y con menos presupuesto que FIFA. EA concebía su juego en unas modernísimas instalaciones en Canadá, contaba con el suficiente dinero para tener el apoyo y licencia del máximo organismo del fútbol mundial e incluso fichó a varios de los desarrolladores de PES en Konami para poder hacerse con su fórmula.

Pero por mucho que nos guste ir con el débil, los años no iban sino aumentando la diferencia entre ambos, y FIFA era el rey cada temporada aún con cuatro cambios casi imperceptibles. Entre tanto, PES se autolesionaba con versiones divertidas pero casi arcades como la de 2013 o sacando al mercado juegos con un acabado lamentable, prácticamente en fase beta, como pasó con PES 2015.

El rastro de aquel juego que creó una legión de fieles casi tan tercos como los que sostenemos que The Wire es la mejor serie de la historia, se iba difuminando.

Y llegó septiembre de 2015 y con él, una nueva generación. PS4 Y Xbox daban a Konami otra oportunidad, la última probablemente. La casa nipona, cada vez más centrada en otro tipo de negocios que se alejan de los videojuegos, esta vez sí hizo algo por su emblemática serie y abrió una oficina en Londres, poniendo a cargo a Adam Bhatti.

Para hacer un gran juego de fútbol, hay que estar cerca del gran fútbol. Eso pensó Konami que, pese a los recortes en su área de videojuegos, quiso apostar por volver a los años de vino y rosas.

De la mano de Bhatti, PES 2016 recuperaba sensaciones de antaño y, aunque flojo en el apartado gráfico pese a estrenar el motor gráfico de Hideo Kojima para Metal Gear, logró esa fluidez y jugabilidad que llevaban casi diez años buscando.

El juego volvía a obtener mejor puntuación de la crítica que su rival, y eso que en frente tenía a FIFA 16, un excelente juego que hacía olvidar el despropósito de FIFA 15. El 15 fue el peor de los últimas versiones futbolísticas de EA, caracterizado por delanteros que corrían como Ussain Bolt contra defensas que hubiese adelantado hasta Fernando Alonso con su coche.

Y así hemos llegado a este año, con un PES 2017 que perfecciona la fórmula del año anterior y hace recordar al que muchos consideran el mejor juego de fútbol de la historia: PES 6. Aún así, tiene camino por recorrer, con gráficos más propios de 2009 que de 2016 y una ausencia de licencias cada vez más alarmante. Ausencia sólo es mitigada por el altruismo de algunos internautas que suben a la red option files completísimos; con nombres, escudos y camisetas reales gracias al ágil editor que facilita Konami.

FIFA 17 lo veremos en un par de días, pero su demo nos expone un toque continuista del juego, con un control complejo pero agradecido cuando te haces con él y unos gráficos y ambientación que jamás había ofrecido un juego de fútbol.

Buenas noticias por tanto para los amantes del deporte rey, que tienen este otoño una oferta como no han tenido nunca para sentirse Guardiola o Klopp desde el sofá. La guerra FIFA-PES vuelve a estar más viva que nunca y parece que va para largo. Carguen sus mandos.