Gloria Fuertes, poesía eres tú

Foto: Dani Bordas

En 1917 nacía en Lavapiés,

tócate las manos y (errr…) los pies.



Pasó su infancia jugando,

a veces iba corriendo y otras andando.



Era una niña feliz

igual que una perdiz.



Pero una perdiz rollo mascota,

que a las de campo las matan con bazooka.



Todo guay hasta los diecinueve,

porque comerse una guerra es lo que tiene.



Tres años duró aquello

y la gente con de punta el vello.



Luego vino Francisco Franco,

un dictador con el culo blanco.



El tema es que descubrió la poesía.

Al no existir la Play, o leía o se jodía.



Se animó a escribirla también ella.

Unos días en ayunas, otros con paella.



Las estrofas son cosa guay,

con renglones chiquiticos, como Uruguay.



La fama llamó a su puerta

cuando Paquito estiró la pata.



Entre los niños de la huerta

y los de Navalmoral de la Mata.



Usando lenguaje y rima fácil,

pasando de métrica, pero siempre ágil.



Inundó de poemas las escuelas.

También la tele y las radionovelas.



Millones de zagales conocieron los versos.

Y recitaron sus pareados como posesos.



Hizo más por popularizar la poesía

que Lorca, Machado y Ussía.



Todos recordamos con cariño

lo que nos leían cuando éramos niños:



Don Pirulí de La Habana

hace una vida muy sana.



Se levanta y se va al baño

todos los días del año.



Se lava como los gatos

por no pasar malos ratos.



Hoy, como hace buen día,

está lleno de alegría.”



Al final, un cáncer de pulmón la devoró en el 98. Murió sola y denostada por sus compañeros de profesión. Incluso aún hoy hay quien no reconoce la valía de su obra.

Valientes hijos de puta.

No rima, pero es verdad.