¿Y qué hacíais?

  No hacíamos más que abrir la boca delante de un erizo de vaya usted a saber qué material ultrainflamable. Nuestros padres sí que jugaban en la calle.

    Esta semana, por diversos motivos, sólo os traigo una reflexión. “¡No me cuentes tu vida, queremos material!”. Ya, bueno, no os cuento mi vida, simplemente os hago partícipes de que hay días y hay días. “¿Y a mí qué me importa? Cuéntanos ochentadas, pureta acabado”. Eh, que no estoy acabado, que todavía me marco mis bailes; aunque es cierto que con dos copas ya tengo la misma resaca que tenía con no menos de diez cubatas a los 22 años. Acabadito sí, pero acabado no. Bueno, escuchadme esto que os voy a decir.

ESTO

  Mi padre, y no sé si el vuestro, nació en plena posguerra. Con la escasez y el racionamiento de comida, el ocio no era exactamente la prioridad. Aunque la radio arrasaba con sus seriales -y La Pirenaica con su rebeldía-, la televisión empezaba a ‘atontar’ a las masas. Cuenta mi padre que él nunca tuvo televisor en casa y mucho menos en color.

¿Y qué hacíais?

Totalmente incomprensible para un niño de los 80, donde el apogeo catódico era más que reseñable, que una persona pudiera vivir sin televisor. Yo, que -aunque también viví de refilón lo de los dos únicos canales- crecí en la maravillosa época de más de una tele en casa, no podía asimilar que hubiera gente que no se levantara temprano los sábados, exclusivamente para ver programas infantiles. NOSOTROS que nos jactamos de que jugábamos mucho en la calle, no hacíamos más que abrir la boca delante de un erizo de vaya usted a saber qué material ultrainflamable. Nuestros padres sí que jugaban en la calle.

Aquello

   Como también crecí en la maravillosa época de la transición tecnológica e informática, no tuve contacto directo con Internet hasta los 21 años, en la residencia de estudiantes. Y no tuve ordenador en casa hasta los 22. Hoy son mis hijos los que me preguntan respecto a mi infancia:

¿Y qué hacíais?

   Joder, qué complicadas son las transiciones.

FIN