¿Qué harías si supieras que hoy es tu último día con vida?

A las buenas, querido lector.

Hacía ya algo que no me dirigía a ti, pero los acontecimientos mandan y yo sólo soy esclavo de ellos. Durante todo este tiempo no he podido evitar hacerme varias preguntas. Preguntas que me iré contestando, o al menos lo intentaré, a lo largo de varios artículos. Pero la que formulo con el título del propio artículo se impone claramente al resto. Si no has estado atento te la repito: ¿Qué harías si supieras que hoy es tu último día con vida?

Es complicado y no sé ni por dónde empezar. La pregunta ya de por sí tiene miga, pensarás que tengo demasiado tiempo libre para permitir a mi cerebro hacerse esas cuestiones. No, no lo tengo, para mi suerte, pero es inevitable hacérmela. ¿Tú lo has hecho alguna vez?

Puede que sea un buen momento para ello.

Y no, no me quiero poner en plan Apocalipsis porque no hace falta. Tampoco hay que ser un genio para entender que la vida no es que dé vueltas, es que es muy hija de perra. No es necesario sufrir ninguna enfermedad para plantearse este tipo de cosas, pues, ahora mismo estás aquí, leyendo esto, pero es probable que mañana no. Es evidente que no por ello debes ponerte inmediatamente a cumplir sueños imposibles, de esos que hemos tenido todos alguna vez (o sí, qué coño, haz lo que te salga del mismísimo esófago), pero sí, quizá es momento de pararte y valorar esas pequeñas cosas que tienes en tu día a día y de las que no eres ni consciente.

Sal y deja que el viento golpee tu cara, una vez más. Abraza a tu pareja. A tus padres, hermanos, familia en general. Si tienes hijos, disfruta de su sonrisa, de esas cosas tan suyas. Haz ese deporte que tanto te gusta. Visualiza una vez más esa película que te emocionó. Escucha esas canciones que, de alguna manera, te llegaron dentro. Disfruta, ríe, sueña, llora, grita… pero en definitiva, siéntete vivo.

Y, por favor, no tomes este pseudo artículo como una nueva campaña de Mr. Wonferful, porque nada más lejos de la realidad. Lo único que trato es de que te des cuenta que la vida cambia, tanto que ya ni siquiera me refiero a tu propia muerte con esta reflexión. Hubo una gran frase de Ortega y Gasset de la que me suelo acordar mucho: “Yo soy yo y mis circunstancias”. Nada más acertado. Las circunstancias. Esas que te favorecen o impiden hacer determinadas cosas. Esas mismas que cambian constantemente y que nos hacen arrepentirnos de esos momentos que no hemos vivido. Esas.

Pero iré más allá. Nuestras circunstancias confluyen con las de las personas que nos rodean, por lo que párate a pensar e incrementa ese deseo de vivir más intensamente cada momento porque las circunstancias de los que nos rodean también cambian, por lo tanto las nuestras.

Ya lo sé. Esto parece una reflexión de alguien que lleva unas copas de más que un artículo per se. Puede. Pero no puedo evitar haberme parado a pensar esto. No, y me alegro de ello. Porque ahora disfruto de cada momento con mi mujer, con mi hijo, con los míos. Valoro cada amanecer, cada atardecer. Doy gracias de poder andar con mis propias piernas y dejar que sean ellas las que elijan el camino a seguir. Doy gracias de respirar, de poder pensar por mí mismo. Doy gracias porque mis circunstancias sean las que son. Mañana cambiarán, lo sé. Pero yo estoy siendo consciente de ello. ¿Lo eres tú?

Vive, disfruta, sonríe.

VIVE LA VIDA.

Supongo que pedirte una valoración de algo así es apuntar muy alto, pero si me quieres contar qué te ha parecido, estaré encantado de atenderte en mi twitter: @BlasRuizGrau.

Nos leemos pronto.