‘Haters gonna hate’


La palabra odiador, odiante o hater (que en inglés significa «[alguien] que odia, que aborrece») hace referencia a un término empleado en Internet para denominar a los usuarios que generalmente desprecian, difaman o critican destructivamente a una persona, a una entidad, a una obra, a un producto o a un concepto en particular, por causas poco racionales o por el mero acto de difamar.

Los haters (no confundir con esos adorables roedores), esos personajes que nos acosan, molestan y por encima de todo NOS ODIAN. Estamos muy acostumbrados a verles campar a sus anchas por las diferentes redes sociales. Sin ir más lejos, hasta mi hija de once años tiene un hater. El otro día subió un video a youtube con mi sobrina y un chaval le dejo un comentario que rezaba “ojalá os muráis tu prima y tú”, entonces vino toda orgullosa e ilusionada a contarme que por fin tenía su primer hater.

Se pueden clasificar en diferentes grupos:

EL HATER DE TWITTER, ese te odia por todo lo que digas, si estás a favor o en contra de toros, la caza, el jamón de bellota, la cebolla en la tortilla de patatas… te recriminará cada vez que vea algo tuyo escrito en ciento cuarenta caracteres.

EL HATER DE YOUTUBE, este te odia e insulta en las reseñas de tus videos ya sean graciosos, de tipo científico, hablando sobre cine o de recetas de cocina, ejemplo: “A todos los tontos os da por hacer sushi”

EL HATER DE FACEBOOK O HATER SILENCIOSO, este te demuestra su odio no dándole a “me gusta” a tus fotos o publicaciones, suelen ser amigos de toda la vida.

Se pueden encontrar en el resto de redes sociales y podría estar enumerándolos todo el día, aunque el más importante es el hater 1.0, el hater de la vida real. Este existe desde el principio de los tiempos, desde la prehistoria, de hecho el homo-erectus ya era odiado por sus semejantes. A lo largo de la historia han existido grandes haters como Brutus que odió a Julio Cesar o Salieri que odió al mismísimo Mozart, pero por encima de todos estaba Hitler que era el hater oficial de toda una raza. Pero sin necesidad de hablar de haters célebres miro a mi alrededor y veo a mi primer odiador, mi hermano. Que yo estaba jugando al futbol, él estaba en la banda gritándome “pero qué malo eres”; que yo me arreglaba para salir un sábado con los colegas, ahí estaba él para decirme “da igual lo que te pongas, con esa cara no vas ligar”. Mi hermano es un gran hater.

No sólo en la familia, en el colegio y en el instituto tuve grandes haters que me putearon pero donde puedes encontrar la creme de la creme del haterismo es en el curro, el compañero de trabajo hater te odia de una forma primitiva desde lo más profundo de su ser. Estará ahí para joderte el día si puede y de una forma pública para que el resto de compañeros se rían si es posible.

El odio es tan fuerte como el amor, así que hay que valorar el esfuerzo por odiar de algunos haters a tiempo completo, con ese estilo y con esa gracia que hay que cuidar porque algún día podrían estar en peligro de extinción. Es mejor un buen hater que un mal adulador, el primero hace que estés alerta y el segundo puede hacer que creas de ti algo que no eres.

Aún recuerdo con cariño a mi primer hater en twitter, me dijo “vaya un lameculos que estas hecho” me tuve que reír. Le tengo cariño, en el fondo.