Hollywood no tiene la culpa

Foto: Katia Herreros

Foto: Katia Herreros

A ver, sé que me repito más que los capítulos de Los Simpson, pero NO TE FLIPES CON TU INFANCIA.

Lo pongo en mayúsculas porque es un recurso para que la cosa quede clara. Y porque es mucho más cómodo que ir a tu casa a agitarte por los hombros como un chalao.

Que sí, que de pequeños todo era mejor, el sol brillaba más, los tomates sabían a tomate (aunque montases un pollo cada vez que te obligaban a comerlos) y si se te caía un piño, el Ratoncito Pérez te traía veinte duros (con el tiempo aprendimos que debíamos haberlos metido a plazo fijo para pagarnos pernos y endodoncias de mayores). Incluso las películas, todas, eran obras maestras tan indiscutibles que no admiten cambio. Y mucho menos que las rehagan.

Ojo, que tú, si quieres, reformas el baño y la cocina de tu casa y te quedas más a gusto que un arbusto (perdón); pero, claro, Hollywood no puede. ¿O sí?

Piénsalo, quizás (y solo escribo “quizás”), cuando hacen un remake de Cazafantasmas no estén pensando en ti. Ni en mí. Quizás (vuelvo a ponerlo), estén pensando en los niños que ahora tienen la edad que tú tenías cuando fuiste a ver la original.

No sé, llámame loco, pero me cuesta mucho imaginar que la de 1984 estuviese hecha para treintañeros. Y tres cuartos de lo mismo con los muñecos que regalaban con el Happy Meal (“la cajita” en mi casa).

¡¡FLASHBACK!!

“¿Has visto? Echan en el cine una peli de unos tíos que van en mono de mecánico cazando monstruos. ¿Vamos esta tarde?”

(Pon esta frase en boca de tu señor padre y ya me cuentas si te cuadra)

Y lo mismo con Robocop, Karate Kid o Jumanji.

La industria del cine, como industria que es, hizo pelis de policías-robot, niños que eran explotados por ancianos que querían encerar la casa o juegos de mesa porque vieron que ahí había panoja de la buena. Con la suerte de que te gustaron tanto que basaste un poco tu vida en ellas (algo que deberíamos revisarnos, también te digo) y las elevaste a la categoría olímpica de MÍTICAS.

Pero no por eso dejan de ser un producto de usar y tirar, aunque duela reconocerlo.

El caso es que algún señor que colecciona dinero en Los Ángeles (los de California, no los de Segovia) se ha dado cuenta de que cambiando dos o tres ingredientes más afines a los gustos, corrientes y costumbres actuales puede servir el mismo plato con la seguridad de saber que hay miles de bocas dispuestas a zampárselo.

Igual no tú, pero sí tus hijos, sobrinos o ese niño que vive en el piso de arriba que juega a la pelota en casa los sábados a las ocho de la mañana. Y se la comerán gustosos. Y recordarán su sabor como algo nuevo que les fascinó.

Así que, calma. Hollywood no está destrozando tu infancia. Hollywood sigue haciendo la misma hamburguesa que viene con muñequito de regalo. Lo que pasa es que tú ya te has hecho más de entrecot.

1 opinión en “Hollywood no tiene la culpa”

Comentarios cerrados.