I shot Antonio de Felipe

Hace unas semanas descubríamos atónitos cómo Fumiko Negishi, una pintora japonesa, demandaba a Antonio de Felipe como autora real de gran parte de su obra.

Según relata, era ella quien pintaba los cuadros en un taller al fondo del estudio de de Felipe. Cuadros que él después firmaba y vendía como suyos.

Él, a su vez, la ha interpuesto una demanda por injurias y calumnias, y ha declarado: “Yo decido absolutamente cada detalle, ella sólo es mano de obra. […] Creativamente, Fumiko no ha aportado nada a los cuadros”.

En fin, un culebrón apasionante.

El otro día comentaba la noticia con una amiga, reconocida ilustradora. Dejando a un lado la veracidad o no, y las intenciones de una y otro, el debate que planteaba era interesante: ¿qué pesa más en la creación artística, la idea o la realización artesana? ¿El concepto o la realización? ¿idealismo o materialismo? A ella que es artista, le parecía intolerable firmar algo que no hubiera hecho con sus manos. Yo que soy publicista y un poco toca huevos, le planteaba si Ágatha Ruiz de la Prada diseñaba uno a uno cada calcetín, cada libreta, cada sábana, cada vaso de crema de cacao, cada estrella, cada corazón, cada nube que nos ha colado. No parecí convencerla.

El caso es que no es la primera polémica que salpica a De Felipe. El considerado mayor exponente del arte pop en España ya estuvo en el punto de mira años atrás cuando Francisco Camps se refiriera a él como su artista favorito, y el Institut Valencià d´Art Modern comprara unas obras de su serie de Marilyn Monroe por no poco dinero, en contra del museo y galeristas.

Después de unos días documentándolo, y un poco obsesionado con el tema, de pronto, tuve una visión. ¿No será que Antonio de Felipe, consciente de ser el Warhol español, ha hecho de su vida una performance que nadie entiende para llevar el pop art a otro nivel?

Algunos críticos calificaban las obras de Warhol como pretenciosas o bromas pesadas. De Felipe es considerado por la Asociación de Galeristas de la Comunidad Valenciana como “el peor artista contemporáneo de Valencia”. Warhol se movía entre artistas, intelectuales y la socialité neoyorkina de los 80. De Felipe se codeaba con la flor y nata de la época dorada del PP Valenciano. Si la Factory de Warhol era un estudio en el Midtown de Manhattan donde se producían en cadena sus serigrafías y bullía la creatividad, De Felipe tiene un taller clandestino tras una puerta falsa donde una señora japonesa pinta sin parar. ¡Puro costumbrismo pop español!

Después de todo el mismo Warhol decía “creo en las luces tenues y los espejos trucados”.