La Guerra Fría a mamporro limpio

La rivalidad entre los Estados Unidos y la Unión Soviética durante el período de la Guerra Fría ha sido reflejada en el cine de múltiples formas. Incluso en el cine de peleas.

Allá por 1985, Rocky Balboa, el boxeador más famoso de la gran pantalla, de nacionalidad estadounidense y ascendencia italiana, se enfrentaba a Ivan Drago, un potente y peligroso púgil de la Unión Soviética, en un épico combate en territorio ruso.

Rocky IV fue un éxito sin precedentes, siendo la película que más dinero recaudó de toda la saga del Potro Italiano, convirtiéndose en la favorita de un importante número de fans.

Como viene siendo habitual, todo lo que tiene éxito termina siendo imitado, con mayor o menor talento. Y la idea de Rocky IV, la de enfrentar a un americano contra un ruso en un ring, no tardó en “inspirar” a algunos cineastas de la serie B.

No retreat, no surrender (1986) cuyo título en España fue literalmente traducido como Retroceder nunca, rendirse jamás es el vivo ejemplo de ello.

La película tiene por protagonista a Jason, un adolescente apasionado por las artes marciales y fanático de Bruce Lee. Es instruido en el karate por su padre, que tiene un dojo en Los Ángeles. Una noche, el padre de Jason recibe la visita de un mafioso neoyorquino que le insiste, de una forma no muy amable ni respetuosa, para que su gimnasio forme parte de su organización criminal. Ante su negativa, uno de los matones del mafioso, un ruso llamado Ivan (¡qué casualidad!) le parte la pierna. Añadir que este ruso fue interpretado por un jovencísimo Jean Claude Van Damme que todavía se estaba dando a conocer en el mundo del celuloide, antes de protagonizar Bloodsport (Contacto sangriento) o Kickboxer, la película que le haría gozar de fama internacional.

Queriendo huir de problemas, el padre de Jason y su familia se mudan a Seattle. Allí, Jason tendrá problemas para adaptarse, no haciendo demasiados amigos y recibiendo palizas y humillaciones por parte de sus nuevos compañeros de instituto. Por ello, Jason se evadirá entrenando en un improvisado gimnasio montado en su garaje.

Cuando un día intenta defenderse de los matones que le acosan, su padre tendrá una fuerte discusión con él, haciéndole ver que la violencia no es la salida y tomando la drástica decisión de desmontar su gimnasio. Cargado de frustración, Jason se lleva los bártulos y monta su lugar de entrenamiento en una casa inhabitada. Allí, en su peor momento anímico, se le aparece –atención– el fantasma de Bruce Lee, que desde ese momento le instruirá para convertirle en un gran luchador. Tal cuál.

Estamos ante una producción estadounidense-hongkonesa de contrastes.

Hay que reconocerle que las coreografías de combate son bastante convincentes y estéticas, pese a que a veces se abuse de la filmación acelerada para dotar de mayor rapidez a los combates, algo muy frecuente en el género de las artes marciales.

Aunque la película irradia cutrerío ochentero en el resto de las escenas. No faltarán bochornosas exhibiciones de música rap, skate, break dance u otras modas nacientes a mediados de los ochenta; todo, repito, de forma muy bochornosa. Tampoco faltarán irrisorios matones de instituto que inspiran más risa o vergüenza ajena que temor. En serio, algunas escenas o situaciones resultan tan ridículas que harán que te rías. Y no con la película, sino de ella.

Aparte, el doblaje español se tomó unas licencias que no resultarían muy del agrado de los conocedores de las artes marciales. Hace unos años vi esta película con un compañero de instituto chino que se quedó a cuadros cuando se insiste en repetidas veces que el estilo de lucha de Bruce Lee era el karate, no siendo esto cierto, siendo su estilo –creado por él mismo– el Jeet Kune Do. Y que a un chino le digan que Bruce Lee practicaba un arte marcial japonés, puedo dar fe, ni puta gracia le hace.

¿Recomiendo esta película? Bueno, vayamos por partes. Si eres fan del cine de artes marciales y te limitas a valorar, por encima de todo lo demás, las escenas de combate, puede parecerte aceptable. Si eres fan de Van Damme y quieres verle haciendo su primer papel para la gran pantalla, además haciendo de antagonista, es el inicio de su filmografía, una imprescindible.

En caso contrario, no deja de ser una película entretenida, que, como ya he dicho, resulta bochornosamente divertida por sus cutradas y ochentadas varias. Además, por algunas de las actuaciones, muy dadas a la comedia involuntaria. A destacar, el personaje de RJ, el amigo negro del protagonista, simpático y chisposo a más no poder, aparte de un excelente imitador de Michael Jackson. O también Kim Tai Chung, actor surcoreano, ya fallecido, que tuvo la titánica tarea de encarnar al fantasma de Bruce Lee e hizo una muy digna interpretación del mítico actor y artista marcial.

¡Hasta la próxima!