La juventud

Aplauso es el primer programa musical para la juventud que recuerdo haber visto. Era muy molón y salía una gente de campanillas como Tequila. Me siguen gustando los Tequila. Aplauso estaba dirigido por una momia llamada José Luis Uribarri que tenía una voz preciosa y que desentonaba en aquel elenco de presentadores jóvenes como una cucaracha en un pastel de boda.

¿Qué hacía aquel hombre tan mayor dirigiendo aquel cotarro como presentador? Bien, lo que hacía era pastorear a la juventud para que no se salieran del camino recto que era algo que, en aquellos tiempos, se hacía mucho con la juventud. Ahora, normalmente, cuando un imberbe de quince años levanta la voz el personal suele callarse y escuchar con mucha atención porque es joven, es decir, porque atesora algo que ya no tiene su audiencia de comprensivos pollaviejas y porque pasamos una etapa muy gilipollas en la que pensamos que estamos todos viviendo en Hijos de los hombres y que la juventud se está extinguiendo. Yo aviso: no es que se estén extinguiendo. Están en casa, jugando con la consola, ligando como descosidos y juntándose con otra gente joven para no vernos este careto que se nos ha quedado de “Dios, estoy con el paraíso perdido”.

Muchas personitas de mi generación observan a la juventud con la misma atención que Félix Rodríguez de la Fuente miraba a los animales: con una mezcla de curiosidad y fascinación. Cruzamos comentarios, loas al paso de esta gente tan raramente vestidas y, si nos dejan, no tenemos empacho en convertirnos en la abuela del rock de los años 80 y lanzar así, al paso de las hordas juveniles, un “¡Ey, anda que no me enrolláis, chavales! ¿Donde está la marcha? ¡llevadme que no pierda el tren! ¡Quiero ser vuestra decrépita mascota! ¡Lucidme por ahí que yo os apoyo! ¡Que viva el trap! ¡Agregadme al Facebook y seguidme en Twitter!”.

Por cierto, que la abuela del rock fue una persona de verdad. Se llamaba Ángeles Rodríguez Hidalgo y se aficionó a la música heavy metal por culpa de sus nietos. Era de Vallecas, donde tiene una estatua que recuerda a esta increíble señora que, entre otras cosas, fue portada de un disco de Panzer, tuvo un consultorio en la revista Heavy Rock, fue colaboradora de varios programas de radio y protagonista de un episodio de Vivir cada día, un curioso antecesor del docu reality que emitía TVE y que presentaba, en cada entrega, la vida de un español que se salía un poco de lo habitual. Desde transformistas hasta concursantes de maratones de baile o, claro está, una señora mayor a la que gustaba vestirse con chupa de cuero e ir a la Canciller a ver a Obús.

A lo mejor fue Doña Ángeles la primera en tomarse en nuestro país a la juventud en serio. Incluso con mejor talante que Carlos Tena, que fue el segundo periodista musical de TVE más famoso después de José Maria Íñigo (en los 80 ya estaba Don José María reciclado en presentador serio y abandonando su faceta de disc jockey pop que tan bien desempeñó durante años) y un poco antes que José Luis Fradejas (cruelmente el personal le hacía rimas con la palabra orejas… al parecer es un tipo fenómenal) y Nacho Dogan que, sin duda, es el presentador más surrealista y dado al show glam que existió en nuestro país.

Pero fue Carlos Tena el que la lió bastante gorda. Era el encargado de dirigir y presentar un programa que se emitía en la franja matinal de los sábados llamado Caja de ritmos y tuvo la ocurrencia de darle espacio a un grupo punk femenino, Las Vulpess, que cantaron una versión del I wanna be your dog de Stooges titulada Me gusta ser una zorra. Evidentemente, la carcundia periodística de aquel entonces (mismo tono grueso, casi las mismas publicaciones, la misma idea de la vida y de las cosas que la de ahora) entendió aquello como el dislate máximo y el despiporre total hasta el punto de pedir la cabeza —y desde periódicos como El Alcázar aquello era una forma literal de hablar— de Carlos Tena, aquel entrañable progre que, de pronto, se convirtió en el incitador de todos los males de nuestra juventud desde la drogadicción hasta la presunta promiscuidad sexual (que dicen los testigos de aquella época que no era tanta).

No podemos olvidar a Don Enrique Tierno Galván, alcalde de la villa de Madrid, que fue uno de los animadores culturales más importantes que ha tenido la capital del reino y que dijo aquello de “¡Rockeros, el que no esté colocao que se coloque y al loro”. Lo hizo en la III Gran Fiesta del Estudiante y la Radio de 1984, un evento donde tocarían como 60 grupos y solistas tan dispares como Joaquín Sabina, Barricada, Alarma, Betty Troup o Teddy Bautista y los Teclados Fritos, la entrada gratuita y la mezcla de jóvenes de diversas tribus urbanas convirtió aquello en un verdadero sindiós, pero allí fue el alcalde a solidarizarse con la marcha y a darle a la juventud el empujón tan necesario en aquellos tiempos.

Pero no todo era bailar y divertirse (y eso que había un concurso de bailar llamado La juventud baila, donde salió el coreógrafo Poti diciendo que él pasaba de estudiar). En TVE tuvimos muchos programas de debate para jóvenes donde jóvenes de todo pelo hablaban libremente de sus cosas ( y de sus paridas). Aquel Pista libre de los sábados por la mañana que un sábado era programa de variedades y vídeos y cosas y otro emitía una película con un debate sobre la misma detrás. Un poco al estilo de La clave pero sin tanta gente intentando disimular que decía chuminadas (esto es injusto, a La clave iba gente muy interesante pero yo prefería ver el 1,2,3, responda otra vez en la primera cadena porque era un niño sin conciencia… una vez mi madre se empeñó en ver una película rusa que ponían en La clave y mi padre y yo nos enfurruñamos y de la mala hostia nos quedamos dormidos en el sofá porque nos perdimos a Mayra Gómez Kemp).

Y también había sitio para la juventud esa tan triste de la Tuna y la canción ligera en Gente joven, un talent show un poco pocho con bailes regionales también que te quitaban la vida. Gente joven era un programa completamente incomprensible, una competición absurda para saber quién era el más rancio. Allí actuaron por primera vez Mecano haciendo una versión de caca de Al alba de Luis Eduardo Aute. Eso ya les da una idea de la catadura moral de sus organizadores.

En fin, que la relación intergeneracional en España se vio muy bien a través de nuestra tele, se apreciaron los cambios (hoy ridículos, entonces profundos… recordemos que el grupo británico Sweet fue expulsado de los estudios de TVE en los primeros años de los 70 por un señor que pasaba por allí esgrimiendo que aquellos maricones no podían actuar en la tele de todos los españoles. Sweet era un grupo glam, vestido como un grupo glam, maquillado como un grupo glam). Las cosas eran un poco tontorronas, como siempre, y luego sobrevendrían programas como Tocata o el más radical Auamba Buluba Balam Bam Bú, pero esa es otra historia.

De la juventud rancia de verdad no he hablado mucho porque me parece que merecen un capítulo aparte. Recuérdenmelo en los comentarios y se lo cuento la semana que viene.