La revolución de los drones (y II)

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Al comienzo de las Navidades hablábamos sobre los drones: esos curiosos dispositivos voladores que están llenando nuestros cielos, ya sea como juguetes recreativos o como poderosos compañeros de grabación de vídeo. En este sentido, en la última boda que estuve, el equipo de fotografía venía acompañado de uno de estos amigos a modo de ojo aéreo que todo lo ve.

Debo admitir que el resultado de aquella grabación fue espectacular, acantilados, puestas de sol, vuelos dramáticos… una pasada. Y es que la tecnología que hay detrás de estos gadgets ha mejorado hasta alcanzar niveles casi de ciencia ficción. Para empezar, y aunque los principios de vuelo con cuatro rotores se conocen desde hace muchos años, la miniaturización de los motores y los mecanismos ha permitido una mayor estabilidad y mayor duración de la batería, gracias a la bajada de peso sustancial.

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Pero un dron no es solo mecánica. Mientras que los más básicos, que se pueden usar como juguete, tienen poco más que un mando de radiocontrol que se conecta de forma inalámbrica con los motores, los más avanzados presentan una serie de mejoras ingenieriles que hasta hace poco sólo se encontraban en fase de investigación o en aplicaciones militares.

En efecto, hablo de detalles como los sensores de obstáculos, solucionando uno de los mayores miedos del piloto de dron: chocar a tu compañero volador contra un árbol o una pared a la que te has acercado mucho. Ahora, el dron esquiva y se aleja automáticamente de molestos objetos en su entorno. También pueden conectarse a un smartphone para que el piloto ordene secuencias más complejas. Por ejemplo, dibujar una trayectoria sobre Google Maps para que el gadget realice un vuelo grabando en vídeo lo que encuentra, con precisión de un metro (sí, los drones caros llevan GPS).

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Es más, mediante reconocimiento de imagen, se les puede ordenar que sigan a una persona, que den una vuelta en torno a un objeto o que busquen el sitio desde el que despegaron, para aterrizar exactamente en el mismo lugar.

Una de las cosas que me ha dejado más impresionado es la toma de decisiones por parte del dispositivo, desobedeciendo al piloto si ve que se encuentra en peligro su integridad. Un dron avanzado vuelve a su dueño si se está alejando demasiado (perdiendo cobertura) y aterriza de forma adaptativa en lugar de dejar en nuestras manos un peligroso acercamiento a tierra.

¿Alguno de vosotros ha podido probar un dron con inteligencia? ¿Ha caído alguno por Reyes, aunque sea de iniciación? Si es así, estoy seguro de que lo vais a pasar en grande con vuestro nuevo gadget.

Autor: Dr. Pablo Aguilera

De pequeño, quería ser mago. Ahora, me gusta pensar que investigo para que la tecnología resulte útil y mágica a la sociedad.

En 2015 gané el Premio Extraordinario de Doctorado en Ingeniería de Telecomunicaciones, y en 2016 me eligieron como Mejor Profesor de la Escuela de Ingenieros de Sevilla. Me encanta la naturaleza, el deporte y hacer música, por lo que en cuanto pueda planeo una escapada.