La soledad de los pilotos alemanes

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Como buen español que se precie, ahora o te buscas trabajo fuera del país o te mueres de hambre, y más si ya eres un señor de 51 que parece que ya no sirve para nada salvo, como mucho, para cuidar nietos o para tareas poco cualificadas porque usted ya es mayor, oiga, ni es dinámico ni audaz.Pero me estoy yendo por las ramas. El caso es que cuando hablé con Eloy y coordinamos esta primera, y espero de muchas, columnas para Coolt Magazine yo estaba por Europa-adelante, tenía que entregar en martes, estaba hasta el cuello de trabajo para terminar y el lunes me cogía todo el día haciendo vida de aeropuerto. Pero pensé que había que hacer un esfuerzo y en esas tres horas muertas en el avión había momentos para discutir con el pasajero de al lado, echar una cabezada e incluso de escribir estas líneas.

El caso es que ya estaba puesto en marcha, había hecho crujir mis dedos y afilado mi poco ingenio cuando de repente, sin previo aviso, se oye dentro del avión esa megafonía que suena a película de guerra (¿un avión tan caro y semejante mierda de altavoces?) y el piloto empieza a hablar y a hablar, por supuesto en alemán. Esa charla se alarga y alarga mientras trato de concentrarme entre el ruido de los motores, la gente hablando a grito pelado (es una avión que va a Madrid y está lleno de españoles, así ¿qué esperas? pues gente hablando a gritos)  y el olor de la comida que se estaba sirviendo.

Al final, en un esfuerzo por sobreponerme a ese galimatías violento e incomprensible que es para mi el alemán, lo único que se me ocurrió es que este hombre está muy solo y necesita que le escuchen.

Y así llegados a este punto, a uno no le queda más que imaginar.

Señores pasajeros y pasajeras, bienvenidos a este vuelo. Soy su piloto en este viaje a Madrid y vamos con veinte minutos de retraso con la hora fijada por lo que la compañía y la tripulación le piden disculpas. O algo así, yo voy a cobrar lo mismo.

Miren, tampoco es tan importante, ¿verdad? Puedo amenizarles estos 20 minutos con algo de cháchara banal si no les importa, porque bueno, al final se trata de hablar con alguien, aunque sean ustedes una masa anónima que no me conteste.

Y es que estoy muy solo. No hago más que pensar que al menos, al Major Tom le hablaban desde ground control pero aquí nadie habla, nadie me dice nada. Pensarán que el copiloto podría decir algo, pero qué diablos, hace ya un rato que le he dado un golpe en la cabeza y está inconsciente porque no me ha querido devolver los buenos días.

Así que estamos ustedes y yo, yo y ustedes, y ¿saben? Siempre tengo cierta empatía con mis pasajeros porque, bueno, entre tanta gente siempre habrá alguien que se sienta tan solo y abandonado como yo y piense “Me voy a acercar a la cabina y voy a dar un abrazo a este buen hombre y lloraremos juntos”.

Era una indirecta.

No ha venido nadie.

Lo tenéis claro.

Mi imaginación, claro, que florece ante las circunstancias mas inesperadas sobre todo cuando un señor lleva tanto rato hablando en un idioma en el que hasta la cosa más cariñosa suena a una orden imperiosa de hacer 30 flexiones. Seguro que estaba hablando del tiempo. O algo así.

Eso sí, al salir me ha guiñado un ojo y la próxima vez vuelo con la competencia. Que me han dado sudores fríos.

Autor: Carlos Burges Ruiz de Gopegui

Editor de faq-mac. Autor de libros electrónicos sobre Apple y productividad. Formador de LinkedIn, video2brain.com. Cínico, mal hablado, Viriato.