La última cena

De esta manera, Jesús, reunido junto a sus discípulos, tomó el pan y dijo: “Uno de vosotros me va a traer el paté y un poquito de vino que he dejado en la nevera. Junto a las gambas”. “¡No te lo crees ni tú!”, respondió Judas desde el fondo de la mesa. Y así daba comienzo la tan famosísima última cena.

Se conoce a esta cena como “La Última Cena” porque realmente ya llevaban varias cenas antes. Casi todos estaban casados y tenían niños (esto no ha quedado nunca reflejado en La Biblia de forma clara pero así era). Antes de salir de parranda, cada uno le preparó la comida a sus hijos y mientras la preparaban ya empezaban a picotear algo. Un poquito de fiambre, unos picos o trozo de pan, una cerveza, etcétera. A esto se le conoce como “La primera cena”.

Luego empezaron a dárselas a los pequeños de la casa. Como era habitual ya por entonces, comenzaban entre padre e hijos una brutal pelea nocturna que terminaba con el padre enfadado, el niño enfadado y la cena enfriándose en el plato hasta que el niño se iba a la cama sin terminársela. Los restos de ésta, no se tiraban jamás porque aquella época no era muy buena para andar tirando comida (esto sigue siendo así a día de hoy) así que el padre procedía a comer lo que el niño había dejado. Esta situación que se producía a diario se le conoce como “La segunda cena”.

Luego estaba la definitiva. La buena. La Última Cena. Esa en la que te sientas a la mesa y ves como el mismo de siempre está diciendo las mismas tonterías de siempre mientras tú lo único que eras capaz de pensar es en que a partir del año que viene, ya no irás más a la cena de navidad de la empresa.