Lepe, el pequeño Rey de Inglaterra

Enrique VII, rey de Inglaterra.

Está arraigado en nuestro acervo popular, la picaresca, el ingenio, la astucia, las cuales a lo largo de la historia, nos ha dado un plus para conseguir objetivos, pero también han sido obstáculos en otras ocasiones, perjudicándonos seriamente. Hay infinidad de casos e historias que avalan los beneficios que nos ha reportado susodicha forma de actuar, y un ejemplo de esto mismo, es la historia del marinero onubense Juan de Lepe, que vivió halla por el siglo XV.

Este marinero es un gran desconocido por la inmensa mayoría de los ciudadanos, e incluso para los historiadores existen muchas incógnitas, que le convierten en parte mito y en parte realidad. No obstante, es un gran valedor de lo que se puede conseguir con un poco de picaresca, astucia e ingenio.

En fecha incierta, llega a Inglaterra durante el reinado de Enrique VII (1457-1509), primero de la casa de los Tudor, coronado en 1485, sucediendo a Ricardo III. Utilizando sus dotes para la picaresca, su aguda astucia, y sus acertadas decisiones, consigue poco a poco hacerse con el beneplácito de la casa real inglesa, adquiriendo roles y cargos muy diversos como el de juglar, bufón, etcétera.., hasta hacerse acreedor de la amistad del monarca, haciéndolo este compañero de juegos, de los cuales era muy aficionado el rey.

Por tal motivo, el monarca inglés gustaba de recluirse entre los muros de su castillo, y dar rienda suelta a sus aficiones, principalmente a los juegos de azar, y es este el detonante de tan rocambolesca historia, ya que un día Enrique VII organiza una partida de cartas, en la que ante el asombro de todos (era muy austero y nada dado a dispendios ni derroche de los caudales), apuesta con nuestro marinero Juan de Lepe su reino y todas sus riquezas por el periodo improrrogable de 24 horas.

En partida doble resultó ganador Lepe, y el rey haciendo valer su palabra, no le dolió en prendas conceder desde ese preciso instante lo apostado, por lo que Juan de Lepe se convirtió en Rey de Inglaterra. Puso en práctica su astucia y oportunismo, otorgándose cuantos derechos y riquezas le furron posibles, para así de este modo asegurarse un futuro de prosperidad, debido a lo fugaz y efímero de su reinado.

Se dio a conocer por todo el reino de Inglaterra que Juan de Lepe fue rey por un día, y esto propició que lo bautizaran como The Litte King of England. Desde aquel entonces y hasta el fallecimiento de su amigo monarca, el 21 de abril de 1509 en Richmond, (sucediéndole su segundo hijo Enrique VIII), gozó y disfrutó de sus derechos y bienes en tierras inglesas, luego prefirió regresar a su amada tierra, Lepe, donde continuó disfrutando de todas sus posesiones, y colaboró con una fuerte suma de dinero al convento de Nuestra Señora de la Bella. Era un hombre de profundas creencias cristianas, y como devoto de la Virgen de la Bella, le regaló a la misma la corona real de Enrique VII, y dejó en testamento la obligatoriedad de inscribir en su sepulcro, lo vivido en la corte de su amigo Enrique VII.

Nos situamos en el año de 1431, y hallamos la figura del caballero cordobés D. Francisco Luján, el cual con fondos propios erigió el convento franciscano Nuestra Señora de La Bella, al cual proveyó de capital suficiente como para que los franciscanos se dedicaran en exclusividad a propagar la doctrina de la fe cristiana entre los lugareños de los alrededores, y se despreocuparan de otros menesteres mas mundanos.

Por desidia, mal entendimiento entre los franciscanos y los lugareños, y otras cuestiones, resulta que al cabo de no mucho tiempo, el convento entró en decadencia, y empezó un proceso de deterioro progresivo que lo llevó a su ruina.

Damos un salto en el tiempo hasta el año de 1583, dándose la circunstancia de que el padre franciscano Francisco de Gonzaga visitó el convento que se encontraba en estado ruinoso, indagando por entre sus restos hizo un curioso y desconcertante descubrimiento celosamente guardado entre sus muros. Este hecho le marcó hasta tal punto que en el año 1587 en Roma, plasma en su magna obra De Origine Seraphicae Religionis, lo siguiente:

“En la Iglesia de este convento (Ntra. Sra. de la Bella) aún se ve el sepulcro de cierto Juan de Lepe, nacido de baja estirpe del dicho pueblo de Lepe, el cual como fuese favorito de Enrique VII rey de Inglaterra con él comiese muchas veces y aun jugase, sucedió que cierto día ganó al rey las rentas y la jurisdicción de todo el reino por un día natural, de donde fue llamado por lo ingleses el pequeño rey. Finalmente, bien provisto de riquezas y con permiso del Rey volvió a su patria nativa y allí después de haber vivido algunos años rodeado de todos los bienes y elegido su sepultura en esta iglesia, murió. Sus amigos y parientes grabaron esta historia en lugar de epitafio, la cual quise yo, aunque no parece a propósito de esta Historia, dejarla como un recuerdo de este lugar”.

Por desgracia la sepultura fue completamente destruida durante la guerra de la independencia (1808 – 1814), por lo que no queda vestigio alguno, salvo lo que escribió Gonzaga, propiciando con ello el gran desconocimiento que se tiene de estos relevantes acontecimientos.

Esta historia nos viene a enseñar y demostrar que es más importante saber utilizar lo poco que se tiene, que tener mucho y no saber usarlo.

3 opiniones en “Lepe, el pequeño Rey de Inglaterra”

  1. Lo ignoraba por completo. Los minutos me han pasado como segundos leyéndolo. Muchas gracias por este ratito tan grato.

  2. Obrigada por proporcionar a nós amantes da história momentos tão prazerosos de sabedoria. Seus artigos me fazem amar ainda mais essa historia vivida e deixada para nós por nossos antepassados.Parabéns Luís! E obrigada!

  3. Gracias Luis,me encantan estas historias de la historia olvidada y empequeñecida de este gran Pais de aventureros.

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