Lo que ocurre cuando una mujer habla de sexo

¿Qué le pasa a la humanidad? ¿Alguna vez habéis odiado a todo el mundo? A mi amigo Dani le ocurre constantemente. No sé si me lo pegó, pero la verdad es que me ha pasado, y por otro lado, me gusta hablar de las cosas que odio. También tengo una coletilla que me repiten mis amigos cuando digo que algo me repugna, y es que me indigno ante las estupideces que envuelven al ser humano. Una de las cosas que odio es el tabú que gira alrededor del sexo y todos sus derivados.

Por ejemplo, un día fui con mis tías a ver la reclamada —y horrible— película de 50 Sombras del Grey este. El filme se lo cargó Sam Taylor-Wood. La trama es cuestionable, pero el guión es para que —como dice mi abuela— se lo lleven volando los cigarrones. Salimos de la película y la comentamos por encima. A ninguna nos gustó. Pero claro, yo no tengo ningún filtro a la hora de hablar y —dependiendo del momento una se enorgullece de ello— expresé cuánto me disgustó que en ninguna escena se viera una polla. La boca de mis tías rozaba el asfalto. Al segundo una de ellas me soltó: “¡Niña! Di la pichita”. ¿Perdona?

Bueno, podríamos utilizar todos los sinónimos que quisiéramos, pero un pene va a seguir siendo el miembro de un hombre, y se acabó. Ya lo dijo Leornado Dantés, “tiene nombres mil”. Llámalo como quieras, pero parece que si dices ‘polla’, eres una fresca, una zorra, una a la que le gusta la mandanga y que quiere un frotis rápido. En fin. Parece que cuando las mujeres hablamos de sexo, se nos estigmatiza de mala manera y que —por mucho que una luche— va a ser imposible que la sociedad cambie. Así que, bonita mía, cambia tú.

Hace poco me dijeron que utilizara un seudónimo a la hora de hablar de sexo por lo mismo. “No es que tú seas tal, pero te van a dejar de guarra y vas a perder credibilidad”. ¿Hola? Me importa un pito —nunca mejor dicho—, la verdad es que los temas de las que yo escriba no deberían representar mi credibilidad, o eso creo yo. ¿Por qué una periodista que escribe sobre sexo es menos creíble que una que escribe sobre deportes? Ay, creo que hay más personas practicando sexo en este mismo instante que dándole patadas a una pelota de fútbol. Pero nada, la gente no es capaz de asimilar que el sexo es una trivialidad. No utilizo el tema de la sexualidad como morbo, sensacionalismo. No, quiero todo lo contrario. Que escribir relatos eróticos te condicione a no ser respetable, me parece absurdo.

Las mujeres —y menciono a mi género porque si los hombres dicen “palabras malsonantes” como ‘polla’ nadie se sobresalta— queremos hablar de sexo sin que nos lluevan insultos. Ese estúpido velo sobre el sexo debería arrancarse. No sabemos nada sobre él, y el desconocimiento lleva a estupideces. Algo tan simple como un anticonceptivo no se utiliza bien por ignorancia. ¡Más educación sexual por favor! Tuve un profesor que dijo en mitad de la clase que prefería que sus hijos vieran porno a que se sentaran delante de la tele a ver Sálvame. En ese momento mi mente gritó un “¡hurra!”. El porno es uno de esos temas que está vinculado a la perversión. Si digo: “Yo nunca he visto porno”, a continuación todos bebéis.

¿Sabíais que las mujeres vemos más porno lésbico que los hombres? Antes de ver estudios de Pornhub que lo aseguran, me percaté de ello hablando con mis amigas. Les preguntas, y así, en confianza —con cuidado de que nadie merodee en la conversación— te confiesan que lo que más ven es mujeres magreándose. ¿Y? ¿Somos todas lesbianas? No. Es increíble, pero hay muchas que se preguntan esto. Hay centenares de titulares aclarando que las heterosexuales que ven porno lésbico no tienen por qué ser homosexuales. Ojo, que hay muchas que también ven porno gay. ¿Y qué pasa? Es curioso, es divertido. Pero sobre todo es sano que se pueda hablar de ello. Que la gente sea consciente de que no son perversiones sexuales, ¿vale?

Un psicólogo me dijo un día que cuando hablas mucho de sexo, expresas que no estás dispuesta a practicarlo en ese momento, aunque la otra persona con la que conversas piense lo contrario. Es cierto, hablar de sexo no conlleva “llevarte a alguien al catre”. Como dije, no suelo censurarme y en mi primera entrevista expliqué qué es un fisting. Echamos unas risas. Después de aquello agradezco que no se llevaran una idea equivocada, ya que aquí ando, escribiendo de lo que quiero.

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