Los videoclips ya no son lo que eran

¿Quién no ha heredado alguna afición o costumbre de verla en sus padres o hermanos mayores durante toda su infancia?

En mi caso, parte del legado fueron el Atleti, tener casi siempre la radio puesta y ver videoclips como el que se sienta a ver un programa de dos o tres horas.

Recuerdo esos veranos con las maratones de vídeos musicales que Canal+ ponía por la mañana muy temprano. O llegar corriendo del colegio para ver media hora y cinco vídeos en el programa de Los 40 Principales. Y, aunque la cantidad de vídeos musicales no era mucha, ya me bastaba para llenar cada cierto tiempo una cinta VHS de mis preferidos.

Pero el verdadero boom que me adentró en el universo videoclips fue la llegada de la MTV allá por el 97 con el Satélite Digital. A los superventas en España, con mucho en español, y las tres o cuatro canciones en inglés de moda en el momento, se unía con la cadena americana un mundo enorme, en el que cada estilo musical creaba sus propios códigos a la hora de hacer un vídeo.

En primer lugar estaban las intenciones en general de los videoclips comerciales. Hoy, cada vez que Rihanna, Beyoncé, Lady Gaga o Kanye West estrenan uno, asistimos a una especie de “mi meada es más larga que la tuya”. Con cada nuevo vídeo, las estrellas del pop de hoy día deben trascender más que el resto en redes sociales. Y eso sólo puede conseguirse a base de vídeoclips extremadamente pretenciosos, en los que se busca la transgresión a toda costa, convirtiéndose muy a menudo en provocaciones gratuitas y casi siempre torpes.

Bien es cierto que hay muchos ejemplos de vídeos carísimos en aquellos años 90, pero las intenciones eran bien distintas. Como demuestran los dos más caros de la historia, ambos de la época que mencionamos: Scream de Michael y Janet Jackson; y ‘Ready or Not de los Fugees.

Luego podríamos entrar en analizar los estilos. Como, por ejemplo, un clásico que se ha perdido: el vídeo musical de banda sonora; en ellos se veían imágenes de la película en cuestión entre escenas del videoclip o, incluso, ver segundos de la misma incrustados de uno u otro modo en la propia historia del vídeo.

Enfocándolo más hacia géneros musicales, el día y la noche eran los vídeos de hip hop y los de pop/rock indie.

En un vídeo del entonces Puff Daddy o LL Cool J eran indispensables la mansión, una fiesta, chicas muy atractivas con poca ropa y muchas caderas, coches de alta gama, mostrar fajos y fajos de dólares, botellas de champán y medallas de oro más grandes que un iPad. Recuerdo que hasta un viejo amigo y yo hicimos una clasificación sobre vídeos de rap en los que se ganaban ser clásicos del género si cumplían una serie de estos requisitos.

Por el contrario, los vídeos de música indie tenían como normas sacar a gente que nunca se reía, a la que nunca le daba el sol, rodarlos en callejones sucios de Sheffield o Manchester, el blanco y negro, los edificios de ladrillo y que siempre fuese nublado o de noche; no fuesen a transmitir algo de optimismo con el sol.

Eran reglas tan firmes como que una cantante pop debía de tener su videoclip para cada una de sus etapas vitales (que las vivía en cinco años): el vídeo en la high school, su vídeo musical fiesta en la playa con amigos y amigas guapazos, el consiguiente “he madurado y soy muy malota” y, por último, la redención con el “he sido madre y vuelvo a ser angelical”. Esto, cambiando un poco el contexto a chicos, también era aplicable a las boybands de la época.

También se enfocaban al unísono hacia el acontecimiento del momento. Como se demostró con la estética futurista en muchos clips entre los años 99 y 2000, aprovechando la llegada del nuevo milenio.

Por aquellos años, se pudo ver por primera vez en España los diferentes canales de MTV para cada estilo. Lo cual te hacía doctorarte en videoclips.

Si ponías MTV Base, veías a negros y negras pasear por las calles de Los Ángeles en Cadillacs con problemas de amortiguadores. Por supuesto, luego venían la mansión, los billetes, la fiesta y el champán. Un buen vídeo de hip hop nunca decepcionaba.

Al sintonizar MTV Hits, te desbordaban bandas de jóvenes anglosajones llevando a cabo coreografías de fiesta de colegio con melodías simples y repetitivas cantando a lo bonito de la vida y el amor. Muy opusino todo.

MTV2 en cambio, nos introducía en los ya mencionados videoclips indies. Con sus días nublados y caras pálidas o, en el caso de que fuesen norteamericanos, tornaban en algo más oscuro: con máscaras tétricas y niños con aspecto tenebroso.

Y así, cada estilo era tan previsible pero a la vez tan trivial como lo es un videoclip en sí mismo.

No nos enfrentábamos, cada vez que nuestros cantantes preferidos sacaban un vídeo nuevo, a una legión de gente (incluidos medios, sobre todo del tipo Verne, etc) preguntándose en las redes si es aceptable o no que Rihanna secuestre a una mujer en su nuevo videoclip o si puede haber demandas entre Kanye West y otros artistas por simular que se acuestan juntos en el de su single.