Mamá, quiero preguntarte algo

Querida madre:

Vaya por delante que creo que hemos sido una familia feliz. Durante años, siempre nos hemos dado cariño y nos hemos alimentado muy bien (mi tripa lo corrobora). Papá y tú nos habéis dado una buena vida a mi hermano y a mí y por eso me gustaría agradecéroslo públicamente.

Sin embargo, hay algo que, durante toda mi infancia y juventud siempre me ha hecho preguntarme. Era algo que tú considerabas natural y que, durante años he visto que has ido atesorando casi con devoción religiosa. Una actividad apoyada, como en tantísimas otras cosas, por papá, quien te proveía de este material que tanto gustabas de atesorar.

No, en serio, madre, ¿por qué has guardado todo lo que papá cogía de los hoteles?

Nunca lo he hablado con nadie. Ni siquiera con mi hermano. Es una duda que me ha ido carcomiendo durante décadas y para la que nunca me he atrevido a buscar respuesta. Quién sabe si por miedo a lo que me podrías contestar o por mantener un secreto familiar que, estoy seguro, nos hace especiales y únicos.

Pero creo que ha llegado el momento, queridísima madre, de atreverme a sacar del armario de la memoria esta cuestión. Es algo que siempre me he preguntado y que, hasta hoy, ha sido el elefante en la habitación de nuestra familia.

Por favor, mamá, necesito respuesta a esta pregunta: ¿para qué narices necesitabas 10.000 gorros de ducha de los que dan en los hoteles?

No, en serio, madre, ¿por qué has guardado todo lo que papá cogía de los hoteles? Porque papá ha pasado fuera de casa infinitas semanas vendiendo máquinas por toda la geografía española durante 34 años. Esos son muchos hoteles. Pero, sobre todo, eso son muchos gorros de ducha.

Entiendo que los geles de baño y los champús eran útiles para ir al gimnasio, para pequeños viajes o para acumularlos y donarlos a asociaciones. Me parece una actitud muy loable por tu parte y me enseñó a ser creativo para con los demás.

Entiendo, además, que guardaras los cepillos de dientes con esas mini pastas de dientes que me hacen tanta gracia. No sabes lo bien que me han venido para dárselas a los hombres que han compartido cama conmigo y que, después de ciertas cosas que han hecho con la boca, debían higienizarse, por motivos que no te voy a explicar, madre, porque uno también tiene sus secretos.

Comprendo que hayas atesorado las cuchillas de afeitar. Vale que hay tantas cuchillas en casa que podríamos dedicarnos a afeitar los kiwis antes de que se vendan en Mercadona. Pero tienen un sentido. Como cuchillas de emergencia (nuclear, supongo) o para afeitarte las piernas y no reutilizar una en tu vida, en un arranque de Carmenlomanismo maravilloso.

Hasta los jabones de mano me parecen útiles. Son un magnífico ambientador para cajones de toallas, por ejemplo. Dejan un olor maravilloso que hace que te apetezca más ducharte. Porque ducharnos, siempre nos hemos duchado. Mucho. Y fuerte.

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Pero ¿los gorros de ducha?

Porque es que, además, reconozcamos algo, mamá: papá es calvo desde que tengo uso de razón. Y tú llevas el pelo corto desde antes de eso. Te has lavado el pelo todos los días del año, indicándonos a nosotros que debíamos hacer lo mismo –te confieso que algunos domingos no lo hago, por perrería, más que nada-. Con todos estos datos, ¿por qué guardabas los gorros de ducha?

Confieso que he mirado en el congelador en múltiples ocasiones para ver si los usabas como bolsas para bocadillos. He buscado estancias secretas en la casa para comprobar que no teníais una plantación clandestina de marihuana (tendría su lógica, porque también guardas con celo las gomas elásticas que aparecen por casa),…

Te lo juro, mamá. No lo entiendo. Pero ahora que ha salido esta pregunta de mi pecho, necesito que me la contestes. 10.000 (si no más) gorros de ducha. ¿Para qué sirve un gorro de ducha? Pero, por encima de todo, ¿para qué sirve un gorro de ducha en nuestra casa?

 Uf, ya me he quitado del pecho esta duda que tenía. Ahora sólo necesito que me contestes. Aunque igual me dirás que tú lo cogías todo y que se te ha ido un poco de las manos. O que, secretamente, esperas montar una cadena de comida para llevar y lo quieres como tuppers originales. Si es así, guárdame una de croquetas.

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