Mis padres no lo hicieron nada mal

Haber tenido un hijo me hace darme cuenta de muchas cosas. Es curioso, porque es algo que siempre me advirtió mi madre pero que nunca quise escuchar. Recuerdo haber escuchado en más de una ocasión la típica frase: “Cuando seas padre entenderás muchas cosas”. Y no puedo más que darle la razón.

Sí. Ser padre me ha hecho despertar sentimientos, supongo que naturales, que no sabía ni que pudieran existir. Esos instintos me hacen querer proteger a mi hijo por encima de todas las cosas. No es algo que no pueda sentir otro padre en el mundo, cualquiera, seguro. Pero esos mismos sentimientos me han llevado en alguna ocasión a cometer algún que otro acto de sobreprotección que, desde luego me ha inquietado. Lo bueno de todo es que he tenido la suerte de darme cuenta a tiempo de lo que acababa de hacer y, en más de una ocasión me he planteado esta pregunta: ¿No nos estamos volviendo algo gilipollas con la sobreprotección a nuestros hijos?

Ojo que esto es una pregunta que puede levantar ampollas. Y lo que sí te pido es que tomes la palabra “gilipollas” como una crítica sin ánimo de insulto, porque los tiros van por ahí. Puedo dar las gracias de contar las ocasiones en las que se me ha ido un poco la olla en este sentido, pero no he dejado de observar comportamientos curiosos en otros padres que no hacen sino confirmar esta teoría.

Para reforzar lo que te cuento, te pido que hagas un ejercicio de memoria y mires unos años atrás y observes el cuidado que tus padres te proporcionaban a ti. Seguro que era el mejor del mundo sin llegar a ser tan desmesurado como lo es ahora. O yo estaba un poco más ajeno a todo o no recuerdo que hubiera peleas (y sí, digo peleas porque las hay) por demostrar quién tenía razón: las madre pro lactancia materna o pro biberón con leche preparada. Tampoco recuerdo que ante un leve resfriado sin importancia, nuestros padres estuvieran insistiendo (incluso llegando a montar un espectáculo porque hubiera pasado ya cinco minutos de la hora de su cita y todavía no estuvieran en consulta) en pediatría, ni cada dos semanas por el simple hecho de que fueran viendo al bebé para ver que todo estaba bien. Tampoco que ante la más mínima queja del niño el padre fuera a pedirle explicaciones al profesor porque éste le tiene manía, cuando en el 90% por ciento de los casos, la culpa era nuestra. Y así podría seguir con ejemplos (aunque luego contaré uno de los que más me han impactado).

Algo que deberían agradecer nuestros padres es que en su época no existiera WhatsApp ni otras redes sociales. En eso sí tuvieron suerte. No cabe duda de que esto es lo que nos ha terminado por idiotizar del todo. Los grupos de WhatsApp, de Facebook, incluso de Twitter son el mal. Tal cual suena. Todavía no he tenido la mala suerte de que hayan intentado meterme en uno de ellos (hablo de padres, claro), pero tened por seguro que me criticarán cuando el día en el que lo intenten me salga a los cinco segundos. No puedo soportar eso. Lo siento, no puedo. Supongo que se me considerará un mal padre por no seguir la corriente, como todos, pero si las miras son tan cortas y la sociedad de hoy, la de 2016, se fundamente en cositas así, yo no puedo hacer nada.

Y ahora déjame que te cuente el caso que te digo, si esto no te hace pensar, nada lo hará. Es reciente, creo que recordarás que no hace mucho estrenaron una peli de terror en la que, si apagabas la luz, aparecía el típico fantasma (ya no sé si era si apagabas o encendías, no la he visto). Bien, ¿llegó hasta tus oídos el revuelo que se montó cuando un grupo de madres se movilizó para que quitaran ese anuncio de la televisión porque asustaba a sus hijos? No, no critico el querer proteger del miedo a tu retoño. No. A ver, ese anuncio sólo lo daban en canales de televisión que un niño no debería estar viendo. Y no, no es ser sobreprotector y contradecirme, es que es de pura lógica que un niño no vea ni Antena 3, ni Telecinco (por poner ejemplos) pues el contenido no es para ellos. Y eso me hace profundizar más, ¿te escandaliza eso y no el contenido propio de esos canales en sí? Pero como esto va para debate, no voy a entrar. Lo que sí quiero comentar y es lo que más me sorprende de todo es que te quejas de eso, te mueves para que te hagan caso, pero no lo haces cuando en los pasillos de urgencias de muchos hospitales hay camas con niños debido a los recortes en salud pública (visto con mis propios ojos). Tampoco cuando te hacen pagar vacunas que los propios pediatras te recomiendan como necesarias porque las han quitado del seguro. Tampoco cuando los niños se apiñan en clases en las que los profesores son incapaces de poder controlarlos a todos de tantos que hay. No, no luchas por nada de eso, pero claro, sí porque el anuncio de una película da miedo.

Y puede que todo esto te suene a demagogo. Lo sería si no fuera real. Pero lo es.

Lo siento, puede que este artículo sea una basura pues sólo me he limitado a escupir lo que pienso. Puede que no estés de acuerdo conmigo, estás en todo tu derecho. Pero sí, pienso que los padres cada vez nos estamos volviendo más gilipollas. Tratamos de proteger a nuestros hijos de un mundo que quiere devorarnos, lo entiendo, pero quizá no lo estamos haciendo de la manera adecuada. ¿Tengo yo la clave de cómo debería ser? Desde luego que no. Pero viendo dónde estoy, que al menos sé valerme por mí mismo, que sé luchar por los que verdaderamente importa me hacen pensar una cosa: Mis padres no lo hicieron nada mal.

2 opiniones en “Mis padres no lo hicieron nada mal”

  1. Buenas Blas, estoy de acuerdo en qué hoy día el sobreproteger a los niños está socavando la educación de los niños…y de los padres. Hay progenitores que tratan a sus hijos como si fuesen bebes, dando a entender que así los quieren más. Y se equivocan. He podido corroborar como a lo largo de los años mis predicciones, con otros niños de mi entorno, se hacían realidad y ahora oigo -está insoportable, es que es muy malo (como si los niños estuvieran predispuestos a ser malos). Yo pienso, está mal educado. Un niño sin límites ni obligaciones (dadas por la edad) es una bomba de relojería que terminará explotandonos en plena cara. Y terminan diciendo- Que voy a hacer con este/a niño/a, no sé como lo haces tú – Y yo pienso, educarlo y enseñarle a ser autónomo desde el momento en que cayó en mis brazos. Aunque tenga que dejar a un lado mi amor de padre, porque todos queremos a nuestros hijos más que a nada en el mundo. Todos.

  2. Hace unos días escribí sobre esto. No es ninguna tontería, simplemente es así, hasta que no estamos en el lugar de nuestros padres es imposible entenderlos .

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