No me quejo pero…

Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo porque soy guionista de entretenimiento. Que ya de por sí te define; has de entretener sí o sí. Lo cual ya es triste porque no siempre tienes ganas, pero te pagan por ello, además de por pasar ocho horas al día delante de un ordenador en las que tienes que ser creativo, gracioso, original, resolutivo y un largo e ingenioso etcétera.

Soy guionista de los que tiene que convertir un contenido, del que se ha hablado mil veces en televisión, en algo entretenido. Ponerle un lazo al paquete y presentarlo como si nunca se hubiese hecho algo así y, ¿sabes qué? Después de darle mil vueltas a cómo hacerlo, mil vueltas a cómo escribirlo, mil vueltas a las muchas versiones que escribes y mil vueltas de tu mesa a la del director y volver… no cobras derechos de autor por hacerlo, no. Porque no eres autor de nada, chaval/a, no te equivoques.

Que quede claro. No cobras derechos de autor por inventarte el qué, el cómo, el cuándo, el por qué o el quién de un formato. No cobras derechos de autor por escribir qué hace fulano en qué momento, qué dice zutano en otro, o cómo deben mengano y perengano comportarse en determinada situación, también creada por ti para que el resultado final del programa sea, en la medida de lo posible, X y no Y. Pero además, lo que escribas, debe ser entretenido, porque eres guionista de entretenimiento, claro. Pero para ti es fácil; eres guionista de entretenimiento, las ideas te vienen solas, no tienes que pararte a pensar o inspirarte como haría un autor de verdad. Lo tuyo viene solo.

¡Ay! Cómo me gustaría dialogar una secuencia de ficción y que me pagasen derechos de autor por ello. Porque sin duda, es autor el guionista que escribe: “Ángelita, no te vayas. No ahora, te necesito.” que el que escribe: “Hablemos ahora de Sir Lancelot que además de caballero de la mesa redonda fue el primero en ponerle el pepino a la Ginebra” Tan creativo es un texto como el otro, pero es el contexto el que cuenta, claro. Siempre cuenta el contexto.

No es lo mismo el guionista/autor que decide que la trama del capítulo sea chico conoce chica, chico pierde chica, chico recupera chica pero en un giro alejado del heteropatriarcado narrativo es ella la que le salva a él. Que el guionista de entretenimiento que plantea un programa desde cero, con sus secciones, sus propuestas de invitados, sus entrevistas, sus sketches (que esto sí genera derechos porque es ficción, te lo tienes que inventar y lo otro no, lo otro lo lleva el word por defecto, no hay que inventarlo) y un montón de cosas más, entre ellas crear un formato desde cero. Y no es lo mismo porque lo que hace el de entretenimiento no te genera derechos, atontado.

Pero no me quejo, señor. ¿Cómo me voy a quejar si escribir guiones de series de ficción es un arte y sus guionistas autores y escribir programas de entretenimiento es otra cosa que nada tiene que ver con ser autor? Simplemente es ser guionista, poco más.

Como dijo un director que tuve hace años: “Un guionista de entretenimiento es un redactor que escribe un poco mejor” Con todo mi respeto a los redactores… no es verdad, pero si esa es nuestra imagen en la profesión y no hacemos nada por cambiarla… ¿cómo me voy a quejar, señor, si nos merecemos todo lo que nos pase?