No, no se aproxima una tormenta solar que apagará las comunicaciones de La Tierra

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En las últimas semanas habréis escuchado en las noticias que el presidente Obama ha iniciado un protocolo para actuación en caso de tormenta solar. A partir de ahí, numerosos mensajes en Facebook y Whatsapp han inundado las redes, alertando del peligro de permanecer con el móvil encendido durante unas determinadas horas de la noche. A mí mismo me han consultado varios amigos sobre el tema.

Para tranquilizar al personal, os diré que no: no se aproxima una tormenta solar que barrerá la Tierra, inutilizando las comunicaciones y los sistemas eléctricos de todo el planeta, y acelerando el Apocalipsis. La meteorología solar es una ciencia moderna, que todavía no está tan madura como la predicción de fenómenos en nuestro planeta. Es imposible predecir, incluso con segundos de antelación, cuándo va a producirse una tormenta solar de proporciones bíblicas.

Ahora bien: dicho esto, sí que podemos profundizar un poco en el asunto. Aunque no podemos predecir tormentas solares, sí que se observa una tendencia periódica en los máximos de actividad de nuestra estrella. Cada once años se produce uno de estos picos en la gráfica, y parece ser que estamos cerca de uno de ellos. Además, aunque no podamos predecir las eyecciones de masa coronaria (me encanta como suena este término), sí que podemos saber cuándo llegaran a La Tierra, y con qué virulencia.

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El mes pasado, junto con un grupo de amigos, subí al Océano Glaciar Ártico a cazar auroras boreales. Estas luces del norte conforman un espectáculo visual que hay que ver alguna vez en la vida, pero también proporcionan valiosa información sobre la actividad del Sol. En caso de producirse una tormenta solar, la radiación electromagnética llegaría a la Tierra, a la velocidad de la luz, en tan sólo 8 minutos. Esto podría hacer caer los satélites y alterar las comunicaciones móviles. En una segunda etapa llamada fulguración solar, el bombardeo de radiación quemaría los circuitos eléctricos y podría dañar nuestra salud. Gracias a la magnetosfera, un escudo invisible nos protegería de tal desastre. En la tercera y más destructiva, todo transformador eléctrico y sistema de telecomunicaciones quedaría gravemente dañado. El desastre completo duraría un par de días.

Obviamente, la orden de Obama simplemente ha sido una proposición de Ley para actuar en el caso de una emergencia nacional, ya sea un ataque terrorista, una pandemia, … o una tormenta solar tipo Evento Carrington.

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El Evento Carrington está considerada como la tormenta solar más intensa medida desde que tenemos registros: sucedió en 1859 y cuentan que las auroras boreales llegaron hasta más al sur de Las Canarias. Se supone que una tan fuerte se produce cada 100 años de media, pero hasta ahora no hemos vuelto a ver algo así … por lo que estamos en deuda. Cuando se produjo, la humanidad apenas dependía de la energía eléctrica y la precaria tecnología de la época sufrió, pero no lo notamos en nuestra forma de vida. Ahora bien: imagínate un Evento Carrington en los días que corren. La lluvia de electrones que llegaría a la tierra en forma de viento solar inutilizaría satélites de comunicaciones, ordenadores, centrales eléctricas, coches … todo.

Los sistemas críticos, como las centrales nucleares, tienen protocolos previstos para contrarrestar los efectos nocivos de un ataque solar de estas características, aunque nunca se han probado con un suceso real. Este año, una de nuestras sondas que orbita el Sol para estudiarlo, sufrió una descarga de la magnitud del Evento Carrington, pero afortunadamente no estaba en la dirección de nuestro planeta.

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Y aquí estamos, jugando en esta ruleta donde no sabemos a qué color hemos apostado. El consejo que os doy hoy es que cada día dejéis de depender un poco de la tecnología, pues aunque no hay que alarmarse ahora, en el futuro próximo puede suceder que la furia del Sol produzca un apagón sin precedentes.

Pasó hace miles de años y nadie se enteró. Pasó en el Siglo XIX. Volverá a pasar. La pregunta es… ¿cuándo?

Autor: Dr. Pablo Aguilera

De pequeño, quería ser mago. Ahora, me gusta pensar que investigo para que la tecnología resulte útil y mágica a la sociedad. En 2015 gané el Premio Extraordinario de Doctorado en Ingeniería de Telecomunicaciones, y en 2016 me eligieron como Mejor Profesor de la Escuela de Ingenieros de Sevilla. Me encanta la naturaleza, el deporte y hacer música, por lo que en cuanto pueda planeo una escapada.