Nos encanta que nos lo den todo gratis

A las buenas, mi queridísimo lector.

Este artículo es un flujo de pensamientos algo descontrolado que me recorre el cerebro y me va a costar bastante ordenarlo, por lo que te pido disculpas de antemano si algo suena poco coherente o si a veces mezclo churras con merinas. Pero tiene una explicación, todo esto es lo que me viene a la cabeza tras una polémica sin mucho sentido y que sólo es el comienzo de todo lo que te voy a contar. Así que te pido que no te quedes con el principio y lo hagas más con toda la reflexión que ello me trae.

Vamos al ajo.

Todo comienza con la inútil (a mi modo de ver) discusión sobre si el juego Super Mario Run (de momento sólo para iOS) es caro o no. Que si debería ser más barato o incluso gratis.

A ver, empiezo.

La discusión en sí me parece inútil partiendo del punto de que ya, los que piden que algo así sea gratuito, me demuestran que ni merece la pena enzarzarme con detalles sobre mi punto de vista sobre este asunto en concreto. Es por eso que me centraré en los que piden que sea más barato (aunque al final los que piden lo otro van a acabar pillando). Pensemos algo. Pongámonos por un momento bajo el punto de vista de la persona que ha programado el juego. Ah no, que seguramente no sólo será una persona, sino todo un equipo humano formado por profesionales altamente cualificados, que se han dejado horas y horas de estudios para llegar a ese nivel de programación de alta exigencia. Vale, entonces pensemos en el par de días sentados frente al ordenador que ese equipo humano se ha dejado. Ah no, jolín, cómo estoy de tonto, que seguramente les habrá llevado meses tener listo un producto exigente, que estuviera a la altura de las expectativas que se tenían en él (primero las suyas propias, luego las de la compañía a la que representan y más tarde a la de millones de consumidores que esperan jugar con una nueva aventura de Mario). Vale, pues entonces, si hay tanta gente detrás, si a esa gente le ha costado tantas horas y sufrimiento, ¿cómo se les ocurre pretender vender el juego por diez eurazos? ¡Qué despropósito!

Desde luego que eso sólo se le ocurre a una panda de usureros… Querer cobrar por su trabajo, vamos…

Y es que en España somos así. Nos encanta que nos lo den todo gratis, somos incapaces de valorar NUNCA el trabajo y el esfuerzo que pueda haber detrás de cualquier cosa. Esto no es sólo aplicable a esto del juego. Es sólo un ejemplo claro y reciente de lo que te cuento. En mi campo, la literatura, es algo que veo a diario. Las descargas ilegales campan a sus anchas, sin freno. Quejas constantes de que si los libros son caros, que los ebooks son caros (esto es un tema a tratar per se, ya que hay veces que reconozco que algunas editoriales se pasan en el precio digital de algunos títulos, pero la mayoría no llega a los cinco euros). No entraré tampoco en cuánto de ese dinero se destina al autor, muchos lo sabéis o intuís, otros os sorprenderíais, pero los que me importa es el trabajo que hay tras él. Las incontables horas de investigación, las siguientes de escritura, las insufribles de corrección… y todo eso hablando solamente del trabajo del escritor, pues recuerdo que hay también un equipo humano en editoriales, imprentas, distribuidoras, libreros… En serio, es de locos considerar que menos de veinte euros por un trabajazo como el que lleva que ese producto final esté en tu mano es un dineral.

Y esto se puede aplicar a todos los campos (música, cine, videojuegos…)

Pero claro, siendo realistas, seguramente esta gente que se queja por tener que pagar por el trabajo y esfuerzo de otros, cada mañana van a trabajar (los que tengan trabajo, no quiero entrar en polémicas sobre lo mal que está el país) para regalar sus habilidades a otros. Seguramente no cobren, seguramente no lo necesiten. Aquí podría aplicar la frase que muchos me aplican a mí cuando me quejo de las descargas ilegales que sufren mis obras: lo importante es que te lean. Pues vale, lo importante es que te vean trabajar, les diré.

Y como me temía, los dedos se me están calentando y podría soltar cualquier burrada referente a este tema. No quiero. No debo. Lo que sí diré es que tratemos de pensar por una vez en nuestras vidas. Tratemos de valorar el esfuerzo que hay detrás de todo. No queramos que nos lo den todo hecho porque nosotros no queremos darlo todo hecho. Por favor, abramos los ojos y veamos más allá de nuestras narices, que ya está bien.

Y como última reflexión diré que, cuando era pequeño, si quería jugar a un juego de Super Mario tenía dos opciones: o lo compraba, o no podía jugar. Tan sencillo como eso. No me parecía mal porque entendía que las cosas eran así. Nos podrá parecer más o menos justo, pero es así.

Y nada más, querido lector, gracias por soportar este tostón y trataré de volver algo menos cascarrabias en mi siguiente artículo. Un abrazo y disfruta la vida, que para eso está.