Pilares de tu infancia (I): tú

Foto: Dani Bordas

El otro día echaron al buzón el folleto de una empresa que se llama Cyberdyne Systems.

De primeras, no le presté más atención que a cualquier otro papelote, pero justo cuando iba a tirarlo a la basura, una cosa me llamó la atención: viajes en el tiempo.

Al parecer han desarrollado una tecnología, Skynet, que lo permite.

También fabrican robots. De cocina y de los que aspiran solos, nada importante.

El caso es que llevo unas semanas dándole vueltas a la idea de hacer alguna entrevista y esto me ofrecía todas las posibilidades del mundo. Llamé por teléfono, concerté una cita y al día siguiente ya estaba todo dispuesto. Tendría que viajar desnudo, eso sí. Sin problema, en mi destino lo solucionaría rápidamente.

Esa noche casi no dormí. Por la mañana, después de lavarme como los gatos, salí hacia la dirección que me dijeron, enseñé mi carnet de periodista y, bueno, como la fotocopia no coló, tuve que pagar (ya haré justicia en TripAdvisor).

Me quité la ropa y adopté la pose más épica posible. Alea jacta est.

Hola.

¡Joder, qué susto! ¡¿Quién es?! ¡¿VA A VIOLARME?!

¿Cómo voy a violarte, niño, SI YO SOY TÚ? (casi se mea encima. Nunca he sido un héroe)

Después de unas cuantas explicaciones, pareció tranquilizarse.

Bien, a trabajar.

¿En qué año estamos?

1992… ¿va a violarme?

Chaval, ¿qué te he dicho antes, eres mongolo? (me recordaba más listo, la verdad)

Es que como sigue desnudo…

Joder, llevaba razón.

Dame algo de ropa, anda.

No creo que le valga.

Sí, sí me vale. Gordo. Y deja de llamarme de usted.

Es que como es mayor…

Me dolió, para qué mentir.

Bueno, a ver, vamos a empezar. Estamos en 1992 y he viajado hasta aquí buscando la esencia misma de la infancia. De mi infancia.

Ahá.

Me daba la razón como a los tontos. No estaba prestando ninguna atención porque había empezado a jugar con la Game Boy. MÍTICO.

Apaga la maquinita y céntrate. (De repente, me había convertido en mi padre)

¿Cómo es tu día a día en estos locos y fluorescentes años 90?

No sé. Todas las mañanas madrugo por obligación para ir mucho rato a un sitio al que no me apetece. Por las tardes siempre hay algo que hacer hasta que llega la hora de la cena. Después leo un rato y me voy a la cama.

Espero que esto cambie cuando sea mayor.

Errr…

Oye, ¿qué me cuentas de este verano? La Expo, las Olimpiadas, Curro, Cobi… ¿qué mierda Cobi, eh?

No. A mí me gusta.

Ya…

¿Y qué me dices de los Juegos Olímpicos y de la impresionante transformación que ha sufrido la Ciudad Condal, concretamente, y el resto del territorio nacional?

No sé de qué me hablas. Pero puedo contarte un chiste.

Dale.

¿Sabes en qué se diferencian los Juegos Olímpicos de los Paralímpicos?

¡Que en unos está Fermín Cacho y en los otros un cacho de F

¡Calla, coño! Esto podría traerte muchos problemas en el futuro.

¿Qué nos ocurre en el futuro? ¿Nos volvemos gilipollas o algo parecido?

Jeje, ahí has estado bien, McFly.

No, en serio. ¿Qué pasa?

¿Has oído hablar de los límites del humor?

No, aún estamos con los ríos y afluentes.

(Madre mía)

Veo que tienes ahí unas zapatillas New Balance.

Sí, no quisieron comprarme unas de marca buena. Una mierda. Nadie guay las lleva.

En fin. Igual ya tendrías que largarte. Además, tengo que terminar los deberes de Sociales.

Mítico.

¿Qué?

Nada, que me piro, vampiro. Por cierto, ¿no tendrás veinte duros para el autobús?

No.

Nos despedimos y en un descuido le trinqué el dinero de la caja secreta donde lo guardaba.

Ya en la calle pensé en todo lo ocurrido. Ese crío tenía que espabilarse, ser más parecido a mí.

Aunque, bueno, he de reconocer que yo mismo cambié mucho desde aquella vez que un cretino se coló en mi habitación cuando era pequeño.