Mi primer euro duro

Si bien cada vez tienden a estar más difusas las lineas que separan el eurogame del ameritrash (¿ameri-qué?), podríamos decir que un juego europeo o de estilo alemán o eurogame (o euro, sin más) es aquel en el que priman las mecánicas de juego sobre la temática, es decir: es más importante la forma que el fondo.

Como ya habrás podido adivinar este estilo de juegos nace en Europa, más concretamente en Alemania, y es durante finales de los 90 y principios de los 2000 cuando se extiende a otros territorios. Uno de los juegos pioneros en este sentido es Los colonos de Catán (1995), de Klaus Teuber, que a día de hoy sigue siendo uno de los más vendidos en todo el mundo.

Es probable que a estas alturas aún te estés preguntando: ¿Pero qué es exactamente un eurogame? Es cierto que cada vez hay más ludo-mestizaje aunque podríamos hacer una lista de ciertas características que te ayudarán a diferenciarlos del resto:

  • Lo más importante son las mecánicas, el tema es secundario. A muchos juegos se les suele acusar incluso de tener el “tema pegado”. Esto no siempre es así ya que podemos encontrar eurogames con una temática que se integra a la perfección con sus mecánicas.
  • Suelen tener una duración limitada que puede venir determinada por el número de rondas, pila de losetas, mazo de cartas o alcanzar una puntuación determinada. El caso es que no son juegos que puedan extenderse hasta el infinito. Cuando juegas sabes (aproximadamente al menos) cuando vas a terminar la partida.
  • No hay eliminación de jugadores. Todo el mundo juega la partida hasta el final y se determina el ganador con un recuento de puntos. 
  • Sencillez de reglas. Suelen ser bastante sencillas de aprender pero difíciles de dominar. El reto no radica en entender las reglas si no en saber aplicarlas de una manera práctica mejor que tus oponentes.

No todos tienen por qué seguir al pie de la letra todas estos conceptos pero sí nos servirán para hacernos una idea de a qué nos referimos cuando hablamos de “euros”.

Catan, un clásico que no pasa de moda. Foto: Devir

He de reconocer que hace un año, cuando empecé con esta afición, no me llamaron demasiado la atención estos eurogames. Los primeros que me entraron por los ojos fueron los juegos con miniaturas, decenas de muñequitos de plástico con los que llenar un tablero, dados personalizados… Hasta que un buen día se cruzó en mi vida Alquimistas (Devir, 2015). Es verdad que ya le había echado alguna que otra partida a clásicos como Catán, o Carcassone, pero Alquimistas fue el primer euro duro con el que me encontraba cara a cara. Seguramente nadie lo recomendaría para empezar a adentrarte en esta clase de juegos pero conmigo, desde luego, funcionó e hizo que me interesara por ellos.

Llevaba tiempo siguiéndole la pista. Lo había visto en varios canales de Youtube y leído reseñas sobre él. Aproveché el dinero que había sacado de la venta de uno de zombis y adquirí de segunda mano una copia de Alquimistas, un juego del diseñador checo Matúš Kotry. Me enamoró a primera vista por su arte colorido y las ilustraciones desenfadadas de David Cochard, pero cuando empecé a leer el manual todo me parecía un poco confuso y enrevesado. En realidad no era para tanto, y a la segunda o tercera partida ya le tenía pillado el punto.

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Tablero de Alquimistas. Foto: Board Game Geek

El juego tiene una duración de seis rondas. En cada una de ellas dispondremos de un número de cubitos de plástico determinado (dependiendo del número de jugadores) que usaremos para seleccionar las distintas acciones del tablero como buscar ingredientes o transmutarlos, vender pociones, comprar artefactos, publicar teorías o refutar las ya publicadas, beber pociones o dárselas a probar a un estudiante (para evitar posibles consecuencias indeseables). Lo complicado viene cuando toca explicar para qué hacemos todas estas cosas; cuando toca comprender los entresijos de las sustancias alquímicas y sus distintas combinaciones.

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Cartas de ingredientes de Alquimistas. Foto: Misut Meeple

Gran parte de nuestro tiempo lo pasaremos tratando de conseguir ingredientes y mezclándolos entre ellos. Para ello usaremos una app instalada en nuestro teléfono móvil. ¡Ah! ¿Qué no os lo había dicho? Pues sí, en este juego necesitaremos al menos un smartphone (preferiblemente uno por jugador). Cada ingrediente está formado por tres componentes, algo así como tres átomos (rojo, verde y azul), y cada uno de ellos puede ser a su vez positivo o negativo. Al escanear dos de estos ingredientes con nuestro teléfono éste nos dirá que poción conseguimos. Por deducción deberemos averiguar de qué tres componentes está formado cada ingrediente para poder publicar teorías y así ganar puntos de reputación. Gracias a la aplicación cada partida tendrá un resultado aleatorio y distinto del resto. Para más información leed el manual. No voy a desentrañar los secretos de la alquimia en unas lineas…

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¿Qué pasará si juntamos una seta y un escorpión? Foto: Misut Meeple

Como ya dije antes, puede que Alquimistas no sea el ideal para iniciarse en los juegos de mesa de corte europeo y quizás no sea el mejor ejemplo de euro puro pero a mi me sirvió de entrada a un tipo de juegos distintos a los que había probado hasta entonces: unos juegos que generalmente son más minimalistas y abstractos que los “americanos” pero que te obligan a estrujarte el cerebro hasta límites insospechados. Otro día, si queréis, hablamos de los juegos temáticos (o ameritrash) en los que, como habréis intuido, la inmersión en el tema es lo principal. Pero dadme tiempo para preparármelo, que estos los conozco menos.

1 opinión en “Mi primer euro duro”

  1. «es aquel en el que priman las mecánicas de juego sobre la temática, es decir: es más importante la forma que el fondo.»

    Justo al contrario. Con un mismo fondo (mecanismo) puedes tener formas (temas) diferentes.

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