Pureta el que lo lea

Foto: Dani Bordas

nostalgia

Del lat. mod. nostalgia, y este del gr. νόστος nóstos ‘regreso’ y -αλγία -algía ‘-algia’.           f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

¡Ah, los viejos buenos tiempos! Los años en los que todo era MÍTICO. Los 80. Los 90. Aquella época dorada en la que, en realidad, no nos dejaban ir solos a ningún lado, nos pasábamos las tardes enteras haciendo deberes y se producía el drama de la entrega de notas tres veces al año.

Y, mientras, el Telesketch muerto de risa en un cajón.

Menudo timo los buenos viejos tiempos.

Pero la mente, que es muy cuca, se acuerda sólo de lo que quiere. Igual no de dónde aparcaste el coche ayer, ni de que odiabas ir a judo después de clase; pero sí de cómo se llamaban todos los personajes y tiros especiales de “Campeones”, que no “Oliver y Benji”, y de la falta de responsabilidades que imperaba en tu vida cuando lo veías. Y ahora, que estás todo el día de los nervios, echas de menos aquello y no te importaría hacerte con la reedición en Blu-ray de la serie o una camiseta del New Team. Porque eso es la nostalgia: morfina para el presente.

Aunque también hay mucho de moda, claro. Y como pasa siempre, mucha gente se sube al carro porque sí y puede suceder que estés paseando por la calle y te cruces con un compi del colegio y que por ser el único tema que compartís en este momento, salga rápido el rollo “Yo fui a EGB”. Y el tipo, todo emocionado, te cuenta que hasta se ha comprado los libros. Y tú pensando “No, si sí que te debía molar aquello. Tres cursos repetiste, cabrón”.

El tema es que la nostalgia es un negocio respaldado por todo el poderío de la industria y ya no tiene nada de excepcional encontrar un bollito Pantera Rosa en la tienda de la esquina o discos de vinilo en el Carrefour. O que llegue tu cumpleaños y aparezcan tus padres con una figurita de Alf. La misma que no te quisieron comprar en su día, por cierto, pero tres veces más cara.

Las empresas saben que aquellos niños de la primera generación mimada de la historia de España peinamos canas (o ni eso), que tenemos cuenta bancaria y que nos resistimos a crecer; y por eso han convertido nuestra infancia en una lucrativa ilusión. Pero, eh, shut up and take my money!

Al menos en mi caso, que fui un niño repelente que cuidaba los juguetes, guardaba las cajas originales y se aficionó tanto a los tebeos que hoy le dura; esta corriente es oro puro. Una nueva oportunidad para completar colecciones, llenar la casa de mierdas y, sobre todo, dar la chapa con historias de finales del siglo XX.

Os vais a cagar.

P.D. Si aún piensas que tu infancia era una fiesta continua, analiza morfosintácticamente todas las frases del artículo para entregármelo con buena letra mañana a primera hora y se te pasa.

3 opiniones en “Pureta el que lo lea”

  1. La mejor experiencia que un niño de la egb nunca pudo tener fue, sin duda, comer en el comedor escolar.
    Y el que no entienda lo que quiero decir probablemente comiera en casa. Se siente.

    ¿Cual es el pico más alto del Sistema Central?

  2. SUPERLIKE. Y mira que yo en esa época no era ni un proyecto. Que siga, que siga. ¡Queremos más!

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