Steve Jobs el ‘tirenio’

Bueno, querido lector, otra vez por aquí. No sé si alegrarme o asustarme. O ambas cosas. Que hayas vuelto a leerme puede significar que te gustó mi anterior artículo. Eso significaría que tu cabeza no funciona a un ritmo natural, al que le gusta lo que escribo debería hacérselo mirar.

Pero no estoy aquí para psicoanalizarte, más que nada porque no sé. He vuelto para hablarte sobre una figura que despierta tanto amor como odio entre los que, alguna vez, han oído hablar sobre él. Hoy te hablaré de Steve Jobs. Lo primero que me viene la cabeza es el pensamiento de que algo haría bien para que sea así, me refiero a lo del amor y el odio. Alguien dijo: No importa que hablen bien o mal de ti, pero que hablen. Y, desde luego el amigo Jobs lo consiguió.

Pero hablemos un poco acerca de su figura y de por qué merece un artículo. Jobs era un genio, le pese a quien le pese. Desde muy pequeño demostró a sus padres adoptivos que no era un niño común, se movía por motivaciones. Puedes pensar que es algo natural, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que ya siendo un crío necesitaba encontrar la esencia de ese algo que practicaba para volcarse en ello con toda su pasión. Eso lo demostró en la universidad. Abandonó sus estudios (los que tanto había costado a sus padres pagar) para entrar en clases en las que no estaba matriculado, clases que no tenían nada que ver con su verdadera pasión (la floreciente electrónica) y en las que descubrió detalles que en un futuro le sirvieron para establecer uno de los imperios económicos más poderosos del planeta.

Esa pasión por lo que hacía le llevó junto a su amigo Woz (el infravaloradísimo Steve Wozniak, el verdadero genio de los ordenadores Apple) a crear, en el garaje de sus padres, una pequeña compañía que acabaría creciendo a un ritmo vertiginoso y que acabaría convirtiéndose en un referente en el mundo de la electrónica.

Y es que, le pese a quién le pese, Apple lo es.

Su vida fue un continuo ir y venir de excentricidades pero, ¿qué genio no las comete? (Nota mental: empezar a cometer excentricidades) Los que trabajaron junto a él, en los equipos que se comenzaron a crear dentro de su compañía, decían que era un tirano. Lo más parecido a un dictador que te puedes encontrar dentro de una empresa (un pelín exagerado teniendo en cuenta el uso real de la palabra dictador), pero también cuentan que motivaba a los suyos de tal forma que los hacía sentirse los mejores en lo suyo. Y si no era así, los echaba a la puta calle. No apoyo esto último, no me malinterpretes, pero sí es cierto que lograba sacar lo mejor y peor de las personas. Poca gente, sin ser político, consigue eso.

Hablando también un poco sobre su empresa, es curioso que lo acabaran echando a la calle por discrepancias con la junta directiva que se formó ante el enorme crecimiento de ésta. Pero más curioso es cómo tuvieron que volver a buscarlo con el rabo entre las piernas al comprender que Apple era ÉL (de nuevo me dejo a Wozy en la estacada, pero hay que reconocer que sin el talento de Jobs a la hora de vender el producto, nadie hubiera conocido el producto de Wozniak)

Perfeccionista como nadie en el universo, cuando salió de Apple fundó la compañía “Ordenadores NEXT” que sufrió un crecimiento brutal, demostrando una vez más el talento de Jobs dentro del mundo empresarial. No era el mejor economista, no era el mejor ingeniero (ni de lejos), pero tenía un carisma tan grande y creía tan fuerte en todo lo que hacía, que lo que tocaba lo convertía en oro.

Me es inevitable comparar la época en la que Jobs no estuvo en Apple con la de ahora, aunque por desgracia su ausencia sea por algo tan triste. Y es que Apple ya no sorprende como lo hacía cuando Jobs vivía y estaba al frente. Esa frescura, esa chispa, esa locura se ha desvanecido y, los fanáticos de la manzana, tememos que acabe desapareciendo del todo (ojo, no hablo de Apple como compañía, sino esa esencia que hizo presentar al mundo productos como el iPod, los Mac, el iPhone o el iPad). No, no nos engañemos, a Apple le falta algo. Puede, y no lo discuto, que tenga a los mejores ingenieros del mundo trabajando en sus instalaciones, pero sin ese genio que era capaz de exprimir sus capacidades al límite, es complicado que nos vuelvan a sorprender. Y es que Jobs era así. Un tirano. Un genio. Debería llamar a Arturo Pérez-Reverte y proponerle una nueva palabra, la que definiría a Jobs. La de tirenio.

Y tú, estimado lector, ¿a qué esperas a contarme qué te ha parecido este artículo en mi Twitter (@BlasRGEscritor). Nos vemos.