Hay mentiras que son poesía

Cada mañana me preguntaba lo mismo y le respondía que sí, que habíamos dormido abrazados toda la noche; pero era mentira, yo nunca dormía. Normalmente me limitaba a permanecer inmóvil, llegando a sentir su cálida respiración en mi nuca, como una corriente de aire africano con esencia a berbere. En ocasiones se asimilaba más a la densa masa de aire procedente de las fosas nasales de un rinoceronte blanco, de poco más de 3 toneladas, antes de comenzar una carrera que haría vibrar al miedo allá por donde pisara. Y me abrazaba, como quien se acopla a su nave nodriza. Como un botón, que tras un leve giro se introduce de un modo perfecto en su ojal, pasé a ser el vacío donde ella penetraba y se quedaba a dormir, acurrucada. Y entrábamos en otra dimensión. Una más pausada, donde no sucedía nada. Yo me giraba despacio, como quien pasea por el espacio con una misión establecida, alunizar en su torso semidesnudo. Examinaba cada rincón de su cuerpo, como quien se encuentra cara a cara con una obra de arte inesperada. Fuera, la luz de una famélica farola provocaba siluetas oscuras que danzaban sobre el cabecero, alguna incluso caía al suelo. Sobre sus caderas la sombra de un árbol que asomaba tras la ventana, como queriendo echar raíces en su lado de la cama. El reloj de la mesita era digital, por lo que carecía de ese terrible y molesto tic-tac que tanto echaba de menos. Cuando no hay nada que decir el silencio se convierte en un ruido intenso que ensordece al resto de los sentidos. Continuar leyendo “Hay mentiras que son poesía”

Vainilla caliente

Entré en su casa. No pude resistirme. Mis ansias competían contra una puerta entre abierta, por lo cual nada me impedía entrar. Parecía que el destino me invitaba con los brazos abiertos a pasar; que me esperaba con una Coca-Cola Light bien fresquita con una rodajita de limón sobre hielos. Mi álter ego me ponía en la frente un semáforo de aspas rojas, pero el pícaro que llevo por dentro cambió el símbolo por una flecha verde. No había peaje. Nadie estaba allí para pararme los pies. Estaba dentro. Ya no podía echarme atrás, cuando empezaba algo tenía que terminarlo y era la primera vez que al pasar por su casa: veía la puerta abierta. Continuar leyendo “Vainilla caliente”

Poliamor: una cuestión de amor, no de sexo

Puede que a muchos le cueste introducir este concepto simple —y complejo a la vez— en la sesera. Poliamor significa tener más de una relación íntima y amorosa al mismo tiempo con varias personas. Suele estar relacionado normalmente con el sexo, pero no tiene por qué, es decir, es complementario, pero no vital en la práctica del término. Este juego mental es causado por el amor, el amor a más de una persona. Continuar leyendo “Poliamor: una cuestión de amor, no de sexo”