La tiranía de la sonrisa

“Sonríe, que estás más guapa”, me suelta, en el metro, un tipo que no conozco y que está en el asiento de enfrente. Lo miro, con mi dolor de muela del juicio, y, como no sigo su consejo, contrariado, me dice: “Chica, qué siesa. Pues un día sin sonreír es un día perdido”. Miro el móvil: son las siete y cuarto de la mañana. Es demasiado pronto para una discusión, así que subo el volumen de mi lista de reproducción Canciones para hundirme en la miseria y cierro los ojos. Ya no lo veo ni lo escucho, pero sé, perfectamente, que él me está diciendo algo como “amargada”, “creída” o cualquiera de esas cosas recurrentes. Continuar leyendo “La tiranía de la sonrisa”