Inocencia interrumpida

Nunca había ido con miedo por el barrio. El colegio estaba a cinco minutos andando de mi casa —«Ahí al lao», que decimos los madrileños, que, como todo el mundo sabe, medimos las distancias así—, el reguero de niños hasta el mismo era incesante y, aunque en el parque se veían algunas jeringuillas, la convivencia con los yonquis siempre fue pacífica. Continuar leyendo “Inocencia interrumpida”

Momentos de fútbol

Salió de casa a medianoche. Se vistió de corto y cruzó la puerta sin hacer ruido, como quien cruza el túnel de vestuarios pero a la inversa. Ya no era el de antes, ni mucho menos. El olvido hizo mella en sus recuerdos más esenciales. Comenzó encontrándose perdido en medio de la nada, desorientado, como quien se tele transporta a ninguna parte. Continuar leyendo “Momentos de fútbol”

Hay mentiras que son poesía

Cada mañana me preguntaba lo mismo y le respondía que sí, que habíamos dormido abrazados toda la noche; pero era mentira, yo nunca dormía. Normalmente me limitaba a permanecer inmóvil, llegando a sentir su cálida respiración en mi nuca, como una corriente de aire africano con esencia a berbere. En ocasiones se asimilaba más a la densa masa de aire procedente de las fosas nasales de un rinoceronte blanco, de poco más de 3 toneladas, antes de comenzar una carrera que haría vibrar al miedo allá por donde pisara. Y me abrazaba, como quien se acopla a su nave nodriza. Como un botón, que tras un leve giro se introduce de un modo perfecto en su ojal, pasé a ser el vacío donde ella penetraba y se quedaba a dormir, acurrucada. Y entrábamos en otra dimensión. Una más pausada, donde no sucedía nada. Yo me giraba despacio, como quien pasea por el espacio con una misión establecida, alunizar en su torso semidesnudo. Examinaba cada rincón de su cuerpo, como quien se encuentra cara a cara con una obra de arte inesperada. Fuera, la luz de una famélica farola provocaba siluetas oscuras que danzaban sobre el cabecero, alguna incluso caía al suelo. Sobre sus caderas la sombra de un árbol que asomaba tras la ventana, como queriendo echar raíces en su lado de la cama. El reloj de la mesita era digital, por lo que carecía de ese terrible y molesto tic-tac que tanto echaba de menos. Cuando no hay nada que decir el silencio se convierte en un ruido intenso que ensordece al resto de los sentidos. Continuar leyendo “Hay mentiras que son poesía”

¿Cómo se miden las ganas?

Los martes son peores que los lunes porque la nostalgia no está justificada. Es como cuando llega ese delicado momento en el que sientes que tu cuerpo ha dicho basta; no te queda fuerza en el interior y ves cómo se acerca el fin de tu existencia, pero el termómetro no llega a los 37 grados de temperatura, por lo cual, tu malestar no existe, al menos no para el resto, ya que no estás oficialmente enfermo. Continuar leyendo “¿Cómo se miden las ganas?”

En ruinas

Nadie entendía sus solos.

Eran demasiado largos, asincopados, nada fluía como se suponía que debía fluir. No encajaban en ninguna escala predeterminada. Continuar leyendo “En ruinas”

Los perros tienen la clave de la felicidad

Es un lunes cualquiera, vacío, de esos en los que no hay fútbol. El cielo está parcialmente nublado. Los semáforos mantienen una coreografía perfecta con los vehículos que bailan al compás de un tango intermitente. Una sombra acecha sobre la calzada, grotescos edificios se vuelcan sobre los peatones de un modo vertiginoso. Entre tanto caos, una chiquilla lucha contra dragones mientras sujeta un libro. Un mocoso escribe poesía recostado sobre un árbol deshojado y una anciana tira migas de pan a cualquier tiempo pasado. Continuar leyendo “Los perros tienen la clave de la felicidad”

Agujeros negros

En el vagón del metro en el que voy sentada, entra una pareja con una niña. Escogen un asiento y colocan a la niña a su lado, en uno de los extremos. Por algún motivo que desconozco, a la pequeña le da miedo agarrarse a la barra. Lloriquea cuando el metro arranca y las ruedas chirrían. Los padres intentan tranquilizarla y sacan un cuento de una bolsa. La niña le pega un manotazo, lo tira al suelo y rompe a llorar. Los padres se miran y comentan: «Nada, que ahora le da miedo este cuento». Continuar leyendo “Agujeros negros”

Encuentros en un motel

Nadine tiene miedo a las relaciones a distancia. Una vez tuvo una, vivían juntos e incluso compartían cama cada noche, pero se sentían infinitamente lejos. Nadine ha dejado de creer en los compromisos. Los define como promesas emocionales eventuales. Continuar leyendo “Encuentros en un motel”

Vainilla caliente

Entré en su casa. No pude resistirme. Mis ansias competían contra una puerta entre abierta, por lo cual nada me impedía entrar. Parecía que el destino me invitaba con los brazos abiertos a pasar; que me esperaba con una Coca-Cola Light bien fresquita con una rodajita de limón sobre hielos. Mi álter ego me ponía en la frente un semáforo de aspas rojas, pero el pícaro que llevo por dentro cambió el símbolo por una flecha verde. No había peaje. Nadie estaba allí para pararme los pies. Estaba dentro. Ya no podía echarme atrás, cuando empezaba algo tenía que terminarlo y era la primera vez que al pasar por su casa: veía la puerta abierta. Continuar leyendo “Vainilla caliente”