Vida, muerte y resurrección de la flamenca de encima de la tele

En el verano de 2014 fuimos al Museo de Muñecas Marín. Llevábamos mucho tiempo planeando la visita a este templo de uno de los pilares de la España profunda por excelencia. Sin embargo, nunca llegábamos a dar el paso, en parte porque sólo abría los días entre semana y en horario de mañana. Menos mal que un día de julio allí nos presentamos, porque unos meses después cerrarían fábrica y museo.

Viendo el pequeño museo se nos iban a salir los ojos de las órbitas al ver cosas como; los primeros bocetos y trabajos del creador de esta marca de muñecas, Pepe Marín, figuras con trajes regionales de toda España, y en especial con una de las muñecas que hicieron con la imagen y el empaque de Lola Flores. Después de dar más vueltas  a la colección de muñecas expuestas, más que una mosca al mejor almíbar, nos pasamos por la tienda de souvenirs anexa, con ganas de comprar todo lo que nos pusieran por delante. Por lo primero que preguntamos era por alguna reproducción de Lola Flores, y no tenían. Por lo segundo, por las muñecas que estaban en lo más alto de las estanterías, las típicas flamencas pero de unos 40 cm de alta, y no las vendían. Impotencia. La chica que nos atendió, muy amable, nos animó a buscarlas en internet donde las podríamos encontrar por unos 200 euros. Nos quedamos picuetos. Así que nos decantamos por la opción que nos quedaba, comprar algunas muñecas flamencas pequeñas que tenían en una cesta a modo outlet, ya que tenían pequeños defectos de fábrica.

Nos fuimos con un sabor agridulce, pensando que tenían un patrimonio del que no eran conscientes y que parecía que caía en la dejadez. Tenían que hacer algo con él, o mejor dicho, con ellas. Siendo sinceros, antes de la visita ya intuíamos algo, ya que hacía mucho tiempo que seguíamos los pocos perfiles de redes sociales que tenían las Muñecas de Marín y estaban bastante muertos. Algo que hoy en día demuestra que una empresa no está por la labor de estar a la última, ni siquiera aprovechando el tirón que han tenido estas muñecas en los últimos años en espacios televisivos como en programas de Los Morancos o en el reality Alaska y Mario.

foto2Con ilusión, durante unos meses de trabajo de Cirope de Freza en Estados Unidos, nos llevamos a nuestro equipo de muñecas Marín en la maleta. Aprovechando nuestro viaje hicimos una serie fotográfica a estas folclóricas gaditanas por los sitios más emblemáticos en nuestra ruta —Monument Valley, San Francisco, Las Vegas…— con la ilusión de llevar a nuestra vuelta las fotos a la fábrica y proponerles algún plan. Todo ello con el objetivo de sacar partido al potencial de este icono y ponerlas en el podio que merecen.  Sin embargo, esto no fue posible. En mitad del viaje, el 28 de noviembre de 2014, empezamos a recibir mensajes de amigos dándonos el pésame porque la fábrica de las Muñecas Marín, después de 86 años de actividad, había cerrado para siempre.

La reflexión es que muchas veces no sabemos el capital que tenemos. Una cosa es lo que creemos que vendemos, y otra lo que nos compran. Tenían un capital que no supieron manejar.

Por lo menos las nuestras, de las últimas que nacieron en Chiclana, han visto algo de mundo. Y lo seguirán haciendo, no sólo las nuestras, sino las de todos los amantes de estas muñecas, que son muchos. Ahora, tras su “muerte”, convertidas en mito, han pasado a ser aún más codiciadas por los coleccionistas, que las guardan como auténticos tesoros. Ni los televisores planos, ni el cierra de su fábrica, borrarán a las muñecas más ibéricas del mapa. ¡Hoy, mañana y siempre, Marín!